The Lost Dreamer











Así pintaba la estación de Cercanías del campus de la Universidad Autónoma de Madrid tras el primer día de la selectividad de 2011.

Trabajar en un campus universitario tiene cosas curiosas. Una de ellas es el masivo peregrinaje de postadolescentes hacia las aulas universitarias en los primeros días de junio. Parece que ya somos bastantes las generaciones de españolitos que hemos pasado por este rito de madurez llamado selectividad y, que yo sepa, no nos han quedado secuelas graves. Pero al ver tantos infantes recorriendo un camino similar al que yo anduve hace algunos años me invita a poner algunas reflexiones por escrito:

  • Estoy a favor de la selectividad. Ya lo estaba incluso antes de hacerla. Es más, incluso estoy a favor de hacerla más dura y de que cada facultad pueda hacer pruebas propias para regular el acceso a las carreras. De hecho (y ahora es cuando me empezáis a pegar palos) pienso que hay una superpoblación en las universidades españolas fruto de la idea de que para ser alguien hay que estudiar una carrera. Aunque sea Historia. NO estoy en contra de los historiadores, pero aceptemos que nuestro país ha generado muchos más licenciados en Geografía e Historia de los que puede emplear. O bien fomentamos la creación de puestos de trabajo para ellos o bien se regula el acceso a este tipo de estudios en función (real) de las demandas laborales del país.
  • La selectividad es una buena prueba de madurez. Es bien sencillo aprobarla y quien lleve unas notas decentes en el instituto lo tiene fácil para elegir la carrera que quiera. Pero es un rito por el que hay que pasar: los chavales que hoy se examinan lo hacen como niños pero, al final de todo este proceso, serán universitarios. Casi serán adultos. Es una especie de (curioso) rito ciudadano que nos hemos montado.
  • ¿Para qué se estudia, para aprender o para aprobar la selectividad? Desgraciadamente, cuando la el medio se convierte en el fin, estamos ante una situación complicada. Se extiende la creencia de que los dos años de bachillerato sirven casi exclusivamente para aprender a aprobar la selectividad y a veces se deja de lado la satisfacción de aprender cosas nuevas, las cosas bonitas que tiene el estudio. ¿Dónde termina el medio (acceder a la universidad) y empieza el fin (aprobar un examen)? Ahí es donde veo uno de los principales errores de este sistema de pruebas de acceso a la universidad.
  • En cualquier caso, una prueba tiene que haber de cualquier modo. Pero, ¿somos capaces de generar jóvenes que no piensen que el único objetivo de estudiar es aprobar un examen? Supongo que es una pregunta que, en principio, tienen que responder los educadores y, a lo mejor en menor medida, los padres. Pero, al fin y al cabo, todos hemos sido estudiantes y sabemos mejor que nadie nuestros aciertos y errores. ¿Tu? ¿Qué piensas?



    Tengo 26 años. Desde los 14 hasta los 23 estuve estudiando como si la vida me fuera en ello. Me dejé el alma en el instituto y la vida en la universidad. Siempre me sorprende mucho la gente que dice que en la universidad pasó los mejores años de su vida: yo no. En realidad, creo que fueron de los peores. Sacarse Ciencias Físicas con la especialidad de Física Fundamental en cinco años y con notas decentes acaba dándote un dolor de culo inmenso. True story.

    Pero tuvo su recompensa: cuando aún me quedaban un par de meses para acabar la carrera hice una entrevista para hacer la tesis doctoral en el laboratorio de mis sueños. Y me cogieron. No por mi cara bonita (que la tengo) ni por lo maja que fuera (que lo soy), sino porque me había dejado el alma durante nueve años para llegar a eso y se notaba. Además, de propina, acabé consiguiendo una buena beca para realizar mi investigación. Esa tampoco me la dieron ni por lo buena que estoy ni por lo bien que follo.

    Soy consciente de que tuve mucha suerte. Hay mucha gente de mi generación bien formada y dispuesta que no encuentra curro ni a tiros. El mundo no es justo. Por ejemplo:

    El 43,5% de los jóvenes de entre 16 y 25 años que desean trabajar en España no encuentran un empleo. (Seguir leyendo)

    Ayer hubo una manifestación en que unos 2000 jóvenes de mi generación acabaron estropeando el mobiliario urbano de mi barrio en aras de que no encuentran ni curro, ni casa ni futuro. ¿Mi opinión sobre esto? Pues que es mucha casualidad que muchos de los que se están quejando hoy de que no encuentran forma de construir su vida sean los que tardaron 6 años de césped y cafetería en sacarse una diplomatura. Sé que hay muchas injusticias en el mundo y mucha gente que no se merece estar en paro. Pero también veo muchos amigos de mi generación que nos hemos dejado los cuernos para cumplir nuestro sueño (investigar, en mi caso), lo hemos logrado o estamos en ello.

    Los jóvenes tenemos que demostrar cuánto valemos como los que más. Es una putada, pero el que no lo demuestre no va a aspirar a mucho más que a servir hamburguesas. Y a mi eso no me parece tan mal.



    et cetera
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