The Lost Dreamer











{19 septiembre, 2010}   Buen viaje, señor Labordeta

Ahora en http://www.thelostdreamer.com/buen-viaje-senor-labordeta/

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Andrés says:

Las personas como Labordeta nunca se van del todo: nos deja su ejemplo de integridad y honestidad.



Anoche dormí en la casa paterna, y esta mañana mientras recogía los bártulos para marcharme oigo a mi padre, que abría el PC para ver las noticias, decir “ha muerto Labordeta”, y se me ha roto un trocito de mi infancia, como también algo se ha roto en mi padre cuando en su tono de voz ha sido palpable el vuelco de recuerdos y un cierto aire a pesar generacional al ver como empiezan a irse referentes y protagonistas iconográficos de la vida de uno que no están tan lejos generacionalmente.

Estoy seguro que algo así ha pasado por la mente de mi padre. Pero por la mía todo ha sido infancia, porque en aquellos últimos años 70 el señor Labordeta, o mejor dicho, su voz, estuvo muy presente en mi crecimiento. Eran aquellos los años en los que medio país se comprometía en política y la canción protesta de la época era una bandera. En mi casa siempre había un vinilo dando vueltas en el tocadiscos, y un habitual era este aragonés.

Y recuerdo muy claramente aquellas fiestas del PC, muchas de ellas bajo la lluvia, en las que el momento grande llegaba con el comienzo de los conciertos. Eran habituales Víctor Manuel, Ana Belén, Luis Pastor, Sabina, Lluís Llach, Paco Ibáñez, Rafael Amor, Quintín Cabrera, Quilapayún…,pero uno de los momentos estelares era siempre la aparición de Labordeta, y el final de sus conciertos cuando, en silencio, antes de tocar un sólo acorde, su atronador chorro de voz comenzaba, en calma y con tempo, a musitar aquello de “Habrá un día en que todos, al levantar la vista, veremos una tierra, que ponga LIBERTAD”. Y en aquellos años esa canción era un himno mayúsculo, y el increscendo de la misma culminaba en una repetición del estribillo, a pleno pulmón, con todo el mundo cantando con él, puño en alto, apagada ya guitarra. Y recuerdo el, a ojos de un niño, embaucador ambiente de la Plaza Mayor de Madrid, llena a rebosar, en días de Navidad, porque cantaba Labordeta.

Si, por aquel entonces esas cosas pasaban, y la fiesta del PCE reunía miles de personas, y no se parecía mucho a la de hoy (precisamente, celebrada este fin de semana), y la gente tenía una ilusión y un compromiso político diferente, activo o no, pero al menos estaba activo en la mente, y el señor Labordeta era uno de los que le ponía letra y música a aquellos sentires. Catedrático, poeta, político, HOMBRE, escritor, músico, viajero…y empero hoy día los más jóvenes y aquellos que pasan por la vida como si nada pasara a su alrededor quizá no sepan quién ha muerto o, con suerte, que lo ha hecho aquel señor pintoresco que llevaba una mochila y un marcado acento de pueblo aragonés y que un día dijo “coño” en el Congreso.

A mi se me ha muerto un eje de transmisión de la maquinaria que rige los recuerdos más tempranos. Treintaytantos años después me sigue emocionando oir sus viejos discos, y determinadas canciones suyas me llevan a puntos remotos que en algún momento me servirán para rememorar a otros. Adios señor Labordeta, hoy le canto yo:

“…recuérdame como un árbol batido, como un pájaro herido, como un hombre sin más.”



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et cetera
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