The Lost Dreamer











Miryam Gutiérrez y Aníbal Sánchez, o sea, The Bright durante su actuación en la Radio Encendida en Madrid, en marzo de 2011.

Pensaba hacer una entrada ñoña por mi cumpleaños, pero se me ha ocurrido algo mejor. Voy a escribir sobre algo que me gusta, en lo que creo y que me ha ayudado a pasar estas últimas semanas tan grises que he vivido. Eso de lo que hablo es un grupo de música, uno de esos que poca gente conoce todavía. Son españoles pero cantan en inglés y se llaman The Bright. Ayer publicaron su primer disco, Soundtrack For A Winter’s Tale. Desgraciadamente todavía no se puede escuchar por Spotify (por ahora solo se puede oír su EP homónimo), pero sí que se podemos hacernos una idea de como suena porque lo han colgado en straming en esta web.

¿Por qué se me da por hablar de un grupo que no conoce nadie? Pues porque creo que esta gente lo van a petar: si logran alejarse un poquito del estilo de Russian Red y acercarse a sonidos un poco más rockeros, van a ser geniales. Hace un par de semanas tuve la oportunidad de ver su directo en La Radio Encendida (aquí tengo algunas fotitos de ellos) y bueno, les queda mucho por aprender, pero están en la senda y dieron un concierto francamente bonito. El disco merece mucho la pena oírse, la voz de Miryam Gutiérrez es una pasada y, en cuanto dejan a las guitarras eléctricas entrar, las canciones se vuelven mucho más sólidas y contundentes.

Así que nada. Desde ya me confieso una gruppie de The Bright porque, además, son reguapos, y eso es muy importante importante. Y sí. Me voy a comprar el disco. Os dejo con Odd Towns, una canción que simplemente me parece un temazo y que me ha acompañado mucho estos días. Disfrutadla.

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Imaginemos un futuro en el que los criminales no pueden llegar a perpetrar sus crímenes. Un futuro en el que se pueda anticipar cualquier acto de maldad y detener al sujeto antes de que lo cometa. Por supuesto, un mundo en el que también se juzga a los delincuentes por los delitos que han estado a punto de cometer. Cada persona que empuñe un cuchillo para herir a su prójimo podría ser detenida a tiempo, aunque nunca sabríamos si, en el último momento, habría dejado caer el arma.

Este es el futuro que plantea Minority Report (2002), una de las pocas cosas decentes que ha parido Steven Spielberg en la última década. Siempre me ha fascinado ese futuro en el que tres personas tocadas por una mutación genética son capaces de anticipar el mañana y avisar a la policía. Sin discrepancias, sin dudas, sin fallos. La gracia de la película es que la tan alabada certeza de los precogniscientes empieza a exhibir fisuras, y los encargados de aplicar la ley a los pre-criminales comienzan a dudar. Aún así, ¿cuánto darían las autoridades que nos gobiernan por un poder de esas características?

Madrid, España. 23 de marzo de 2011. Cito de la web de El País:

La Sala Especial del artículo 61 del Tribunal Supremo acordó anoche, tras diez horas de debates y en un clima de notable división – nueve votos a favor y siete en contra-, estimar las demandas del Gobierno y el ministerio fiscal y denegar la inscripción de Sortu como partido político, al considerar que solo persigue fraudulentamente la continuación de las actividades de la ilegal Batasuna.

En un ejercicio de infinita sabiduría los magistrados del Tribunal Supremo, guardianes de nuestras leyes, han dictaminado que lo que hoy parecen unos simples estatutos escritos calcando, palabra por palabra, la Ley de Partidos, se convertirá mañana en el brazo político de ETA. ¿Pruebas? Los tres precogniscientes que están encerrados en la Sala del 61 soñando constantemente con los delitos que se van a cometer. De no ser así, todo parece indicar que el Supremo a ilegalizado a Sortu por un delito que todavía no ha cometido.

Ved la peli. En serio, es muy chula. Además, siempre será más divertida que el telediario.



Hace cosa de un mes, en un arranque de melancolía y gafapastismo supremo, se me dio por poner en este blog un capítulo de el archiconocido libro de Antoine de Saint-Exupéry, El Principito. La cosa tiene gracia porque nunca ha acabado de gustarme este texto. Siempre me pareció demasiado cursi y, voy a ser sincera, el personaje del Principito nunca acabó de caerme bien.

¿Por qué?, os preguntaréis a coro, si El Principito es la culminación del amor y la ternura. Tiene todas las cualidades exigibles a una buena persona: es un niño, rubito, noble, es sensible, capaz de amar, amigo de sus amigos. ¡Es la encarnación de la inocencia y los mejores valores de la Humanidad!

Y yo os respondo Y UN HUEVO DE PATO. Recapitulemos: tenemos a un puto niñato que vive con su novia (sí, la florecita de marras), a la que encima encierra en una campana ‘para que no le pase nada’. Un día riñen y el niñato, en vez de solucionar las cosas como haría cualquier adulto, se larga y deja a la novia plantada (literalmente). Se larga y empieza a hacer amigos: que si el zorrito, que si el cazador, que si al aviador. Todos con un denominador común: como el niñato es tan buena persona, le quieren muchísimo. Pero claro, después de hacerse querer, el niñato se tiene que ir porque, después de conocer a otras chicas y dejarles bien claro que no valen ni la ropa que visten, le entra morriña de su novia. Para volver con ella tiene que dejar abandonado al zorro, que le adora y el pobre aviador tiene que presenciar la muerte de un niño a manos de una serpiente.

Vaya, que buena gente el Principito, ¿eh? Se cabrea con la novia y la mejor forma de reconciliarse con ella es darse un voltio y joder unas cuantas vidas. No, en serio, no me gusta el estilo de este niñato, nunca me ha gustado. Hace algún tiempo alguien me dijo que me domesticaría como al zorrito. No funcionó y al final la que se jodió fui yo. Siempre me dio mucha pena el zorrito. No tenía ninguna necesidad de ese niño y, aún así, no pudo evitar decirle ‘Domestícame’.



Nos hemos ido a bSides



No soy yo muy de ver la tele salvo para los eventos deportivos. Afortunadamente, gracias a una buena gestión de las partidas presupuestarias, la televisión pública de este país cuenta con una potentísima página web que permite a los desconectados del televisor como yo disfrutar de cualquier emisión interesante que se hayan perdido. Acabo de echarle una ojeada a la web de Telemadrid y la lideresa todavía no nos ha regalado ese servicio a los madrileños y madrileñas. Lástima, con las ganas que se me quedan a mi a veces de ver el informativo de Hermann Tertsch…

Como decía, esta magnífica página web me permitió ver, horas después de su emisión, la (ya famosísima) entrevista que le realizó ayer Ana Pastor al presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad. No me voy a meter en el contenido de la entrevista, que se puede consultar aquí. La verdad es que ese señor está loco y no hay mucho más que decir.

Lo que sí que quiero resaltar es lo orgullosa que me siento es de la televisión que se está emitiendo y pagando gracias a mis impuestos. Que hay cosas que mejorar, no lo dudo. Pero que se cuente con unos profesionales de esta envergadura y, sobre todo, que sea una televisión en la que incluso el más zumbado de todos los zumbados pueda hablar con total libertad… eso hace que sienta genial.

En esta época en la que solo oigo hablar de los programas de Telecinco, hace que la integridad de una periodista que no deja al presidente de un país escaquearse de ninguna pregunta y que, además, tiene los santos cojones de dejar caer poquito a poco el pañuelo que le cubre la cabeza me parece un motivo para que todos estemos orgullosos. Al menos por una vez, nuestros impuestos se han empleado en algo bien hecho: Ana Pastor.



Una puesta de sol que se apañó este invierno y que cacé saliendo de mi curro una tarde de enero.

Llegan esos últimos días del invierno en los que no sabes muy bien qué ropa ponerte todavía. Un día parece que el abrigo te sobra y otro estás dándole caña al radiador de casa como si fuera el fin del mundo. Y claro, se nos revolucionan los comeflores. Para ellos la primavera es la culminación de la creación. Tres meses mágicos en los que nada puede salir mal, en los que el mundo está bien solamente porque los árboles florecen y los pajaritos cantan.

Por ello se pasan todo el otoño y el invierno anhelando sus días dorados. El resto del año parece no servir más que para esperar a que llegue la primavera. Para llamarla y luego poder decir que si ha venido ha sido por su insistencia. Amiguitos, voy a deciros una cosa: la primavera llegará el 21 de marzo. Ni un día antes ni un día después. Hasta entonces aún estamos en invierno y nos toca disfrutar de las puestas de sol rápidas, la luz parece mortecina y los árboles peladitos peladitos.

Pero el invierno también es capaz de grandes cosas: puestas de sol como la que pillé a la salida de mi curro una tarde de enero, la delicada perfección de la escarcha sobre el césped por el que pasas a diario, la hipnótica caída de los copos de nieve o la maravillosa sensación que da hacerse una bolita debajo del edredón nórdico un domingo por la mañana. Nenes, la primavera mola, pero el invierno tampoco está tan mal. Y a lo mejor seríais un poquito más felices si, en vez de pasaros las semanas anhelando la próxima estación, disfrutarais un poquito de la presente. Ya sabéis, tratar de ser felices con el día que nos ha tocado vivir y esas cosas. Y si hoy llueve, ¿qué tiene de malo? Hacer que el día merezca la pena está, en gran parte, en tu mano.



Captura de la web del Consorcio Madrileño de Transportes el viernes 11 de marzo de 2011 a las 10.10 de la mañana. Obviamente, he accedido a internet desde una realidad alternativa en la que el Metrobús SÍ que existe.

Vale que nos lo estamos tomando a coñita, pero es que es muy fuerte, amigos, es muy fuerte que el consejero de transportes de la Comunidad de Madrid no sepa que un puto billete de 10 viajes de metro y/o autobús se llama Metrobús. Me gustaría resaltar el dato de que fue este mismo señor el que a finales de 2009 el que decidió que el precio de este título de transporte subiría un 22%, haciendo que costara algo más de 9 euros, cuando el billete sencillo cuesta 1€. Todo muy lógico. Obviamente, las protestas de los usuarios y las [sarcasmo]recogidas de firmas por Facebook no sirvieron para nada[/sarcasmo].

Así que recapitulemos: este señor que sabe lo que es un autobús porque una vez vio uno en una película de José Luis Garci es el que decide el precio y las condiciones de los títulos de transporte de los que tenemos que aguantar el metro que se para entre estaciones, los autobuses siempre retrasados, los trenes cortos en verano y los vagones tan llenos que tienes que esperar a que llegue el siguiente tren. Muchas veces se me ha acusado de tecnócrata por opinar que el ministro de fomento debería ser un ingeniero de caminos y, el de exteriores, un diplomático. Tal vez tenían razón. Pero aspirar a que un consejero de transportes use el transporte público no me parece tan descabellado. Y sí, también pienso que el Ministro de Fomento debería probar su [sarcasmo]maravillosa red de Cercanías[/sarcasmo] cinco veces por semana, igual que hacemos miles de ciudadanos.

Que sí. Que ETA los tiene amenazados a todos y que por eso tienen que ir en coche oficial. Y un huevo de pato. A estas alturas del cuento la amenaza etarra es tan realista como si yo salgo a la calle con una porra eléctrica con el argumento de que la mitad de la población está en posesión de las herramientas necesarias para violarme. EXCUSAS. Excusas de políticos, podridos y corruptos encantados de haberse conocido y de vivir a cuerpo de rey a costa de nuestros impuestos. Un siglo de estos las ironías del Twitter se deberían convertir en huevos estampados contra los cristales tintados de sus Audis.

Y el líder de la oposición, el Obama de Parla, ese adalid del progresismo madrileño, ese señor que va a ganar las elecciones a la lideresa el 22 de mayo, ¿ha dicho algo de todo esto? Pues Tomás Gómez no está ni se le espera. Sospecho que está buscando en Google qué es un Metrobús. Es lo que tiene ir a todas partes en la propia moto. Que luego ves un Metrobús y no sabes si invitarle a una caña o a una copa.



No deja de fascinarme toda esa gente que dice que los bienes materiales no dan la felicidad. No dejan de sorprenderme porque mienten como bellacos, no por otra cosa. No me da vergüenza reconocer que estoy pasando por una racha complicada, de modo que cualquier alegría (unas simples cañas, un paseo, una canción bien pinchada en un garito) se multiplica por diez en mi cuenta particular en la que necesito experiencias agradables y buen rollo como agua de mayo. Y vengo aquí a contaros mi experiencia. Y mi experiencia es que, por muy mal que suene, los bienes materiales también ayudan a sentirse mejor.

Lo que me va a hacer sentir mejor es poseer 60€ (gracias a mi trabajo los poseo) que me permitan adquirir, el próximo viernes 11 de marzo, una entrada para el recién anunciado Festival DCode, que tendrá lugar en Madrid los días 24 y 25 de junio. ¿Y por qué me da eso la felicidad? Pues, para empezar, porque en ese festival va a estar mi sueca favorita, Maja Ivarsson con todo su grupo, The Sounds. Y eso me hace feliz, señoras y señores, porque es uno de mis grupos favoritos y van a sacar disco un día antes de mi cumpleaños y luego van a venir a tocar a mi pueblo.

Y, por si fuera poco, en el DCode también va a estar ese maldito grupo cuya única fecha en España iba a ser el pasado sábado en Barcelona, My Chemical Romance. ¿Que se han pervertido en su último disco? Lee mis labios: ME-LA-PE-LA. Me lo voy a pasar igual de genial saltando como una loca cuando suenen sus guitarras. ¿Y qué? ¿Que ya vi a Eels el año pasado en La Riviera? Pues razón de más para volver a verlos, porque en ese concierto se salieron y me quedé con ganas de más. Si, para rematar, cogemos un icono del rock indie como es Band of Horses y al grupillo de moda, Crystal Castles, y unos cuantos más como Kasabian o Pollock: pues la cosa da para que la felicidad me dure varios días.

Así que gracias, señores organizadores del Festival DCode 2011: a cambio de 60 euros me van a proporcionar ustedes una dosis de felicidad instantánea que me era muy necesaria. Para que luego me vengan los comeflores.



Todo el país vive consternado con las nuevas medidas que nos van a obligar a conducir con algo más de sensatez y ahorrarnos algo de dinero y mientras, paseando por mi propia ciudad, descubro que en Madriz habíamos dado con la solución para el gasto energético hace ya tiempo. Perdón, ¿he dicho gasto energético? ¿He dicho ahorrar? ¿Para qué, si en esta ciudad no se despilfarra energía?

Está claro que quien quiera ver en este vídeo un ejemplo de un consistorio derrochador se equivoca profundamente. ¿Cómo íbamos a poder vivir los madrileños y las madrileñas sin que nuestro (nuevo) ayuntamiento pareciera un burdel de poca monta, sin que al bajar por la calle Alcalá nos preguntáramos si en vez de en Madriz vivimos en Disneylandia, con Mickey Mouse por alcalde?

Para el municipio más endeudado de España (7145 millones de euros debemos los madrileños a los bancos) tener un ayuntamiento con luces de colores cambiantes (después de más de 7 años de obras para poner a punto el edificio) es infinitamente más importante arreglar los adoquines sueltos para evitar que los tobillos de los ciudadanos sufran más de lo imprescindible, recoger las hojas que caen de los árboles en otoño, limpiar los barrios menos turísticos con una frecuencia digna o fomentar uno de los eventos que más turismo y dinero atraen a la ciudad.

Porque somos madrileños y así hacemos las cosas en Madriz. Y a quien no le guste, que se vaya a otra parte.



et cetera
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