The Lost Dreamer











{14 marzo, 2011}   Ya es primavera en El Corte Inglés

Una puesta de sol que se apañó este invierno y que cacé saliendo de mi curro una tarde de enero.

Llegan esos últimos días del invierno en los que no sabes muy bien qué ropa ponerte todavía. Un día parece que el abrigo te sobra y otro estás dándole caña al radiador de casa como si fuera el fin del mundo. Y claro, se nos revolucionan los comeflores. Para ellos la primavera es la culminación de la creación. Tres meses mágicos en los que nada puede salir mal, en los que el mundo está bien solamente porque los árboles florecen y los pajaritos cantan.

Por ello se pasan todo el otoño y el invierno anhelando sus días dorados. El resto del año parece no servir más que para esperar a que llegue la primavera. Para llamarla y luego poder decir que si ha venido ha sido por su insistencia. Amiguitos, voy a deciros una cosa: la primavera llegará el 21 de marzo. Ni un día antes ni un día después. Hasta entonces aún estamos en invierno y nos toca disfrutar de las puestas de sol rápidas, la luz parece mortecina y los árboles peladitos peladitos.

Pero el invierno también es capaz de grandes cosas: puestas de sol como la que pillé a la salida de mi curro una tarde de enero, la delicada perfección de la escarcha sobre el césped por el que pasas a diario, la hipnótica caída de los copos de nieve o la maravillosa sensación que da hacerse una bolita debajo del edredón nórdico un domingo por la mañana. Nenes, la primavera mola, pero el invierno tampoco está tan mal. Y a lo mejor seríais un poquito más felices si, en vez de pasaros las semanas anhelando la próxima estación, disfrutarais un poquito de la presente. Ya sabéis, tratar de ser felices con el día que nos ha tocado vivir y esas cosas. Y si hoy llueve, ¿qué tiene de malo? Hacer que el día merezca la pena está, en gran parte, en tu mano.

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fpt says:

El 26 de abril del 86, en plena primavera, estalló el reactor de la central nuclear de Chernobyl. No lo digo a cuento de lo que ha pasado últimamente en Japón…

Siempre me intrigó esa fecha, siempre me produjo terror y fascinación a la vez, todo ello sugerido por un poema de mi queridísimo Manuel Rivas que leí de casualidad, hace años, en clase de Literatura Galega. No lo recuerdo exactamente y no he podido encontrarlo, pero hacía un simil sobre cómo el río Tambre bajaba cristalino y gloriso el día en que la radiación atravesaba a miles de personas.

La primavera, por tanto, depende del color con el que se mire… y también se puede llevar por dentro, como la procesión.

De todos modos, yo siempre he sido más de verano.

Ah, y nada de 21 de marzo, porque el 17 de abril se acerca el invierno 😉



Yon says:

En definitiva, ¿qué importa el calendario? Lo importante es disfrutar de lo mejor de cada día.

Lo peor es que mucha de esa gente está siempre anhelando un momento mejor, incluso en primavera se quejarán de que aún hace frío o de que hace demasiado calor… quizás mañana, quizás mañana… y se les pasarán los días.



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et cetera
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