The Lost Dreamer











{18 marzo, 2011}   El Principito: una nueva lectura

Hace cosa de un mes, en un arranque de melancolía y gafapastismo supremo, se me dio por poner en este blog un capítulo de el archiconocido libro de Antoine de Saint-Exupéry, El Principito. La cosa tiene gracia porque nunca ha acabado de gustarme este texto. Siempre me pareció demasiado cursi y, voy a ser sincera, el personaje del Principito nunca acabó de caerme bien.

¿Por qué?, os preguntaréis a coro, si El Principito es la culminación del amor y la ternura. Tiene todas las cualidades exigibles a una buena persona: es un niño, rubito, noble, es sensible, capaz de amar, amigo de sus amigos. ¡Es la encarnación de la inocencia y los mejores valores de la Humanidad!

Y yo os respondo Y UN HUEVO DE PATO. Recapitulemos: tenemos a un puto niñato que vive con su novia (sí, la florecita de marras), a la que encima encierra en una campana ‘para que no le pase nada’. Un día riñen y el niñato, en vez de solucionar las cosas como haría cualquier adulto, se larga y deja a la novia plantada (literalmente). Se larga y empieza a hacer amigos: que si el zorrito, que si el cazador, que si al aviador. Todos con un denominador común: como el niñato es tan buena persona, le quieren muchísimo. Pero claro, después de hacerse querer, el niñato se tiene que ir porque, después de conocer a otras chicas y dejarles bien claro que no valen ni la ropa que visten, le entra morriña de su novia. Para volver con ella tiene que dejar abandonado al zorro, que le adora y el pobre aviador tiene que presenciar la muerte de un niño a manos de una serpiente.

Vaya, que buena gente el Principito, ¿eh? Se cabrea con la novia y la mejor forma de reconciliarse con ella es darse un voltio y joder unas cuantas vidas. No, en serio, no me gusta el estilo de este niñato, nunca me ha gustado. Hace algún tiempo alguien me dijo que me domesticaría como al zorrito. No funcionó y al final la que se jodió fui yo. Siempre me dio mucha pena el zorrito. No tenía ninguna necesidad de ese niño y, aún así, no pudo evitar decirle ‘Domestícame’.

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arrowni says:

Tienes absolutamente toda la razón. El autoproclamado Principito -¿qué linaje habrá plagiado?- es uno de los hideputas más perdonados de toda la literatura. Seguro a la serpiente le tumbaron los dientes después de librar a la humanidad de este peligro.



es que todo el mundo dice que es un mundo precioso, pero a mi me parece un catálogo de cosas que no quiero que ningún desgraciado me haga JAMÁS



Ana says:

En realidad es peor aún, el principito vive en un planeta el que crecen los baobas y él mismo dice que si nos los poda a diario el planeta explotaría…después de su viaje por el universo no quedará nada ni de su rosa, ni de su planeta



sí, eso tampoco me quedó claro, si tan malos eran los baobabs por qué se iba. pero bueno. eso me da esperanzas. a lo mejor realmente muere y se lleva su merecido ese niño cabrón



Me pregunto si esta nueva reflexión sobre el zorro tiene algo que ver con la peli que comentabas ayer por Twitter 😛



no, la verdad es que no, es una reflexión a la que llevaba varios días dando vueltas. por qué lo dices? no le encuentro relación con ‘Vicky Cristina Barcelona’…



Ana says:

No, muere la rosa y el niño cabrón se hace homeless



no creó que dure mucho como homeless: ya usará sus encantos para engatusar a alguien y joderle la vida. el principito es muy mala persona y los que le rodean son mu tontos



Andrés says:

Nunca lo había visto así, pero sí que es verdad que el niñato va dejando un rastro de dolor a su paso. O nos creemos que es así de cándido, o es un pedazo de cabrón incapaz de afrontar las consecuencias de sus acciones.

En la época de Saint-Exupery no sé, pero a estas alturas de la película no nos quedan tontos.



UnDuCa says:

Algo falla en el post

“tenemos a un puto niñato […] en vez de solucionar las cosas como haría cualquier adulto”

Si ya partes de la base de que es un crío,. ¿Pa que coño le pides que se comporte como un adulto a la hora de resolver problemas? :P.

Realmente intenta salir del paso como lo haria cualquier niño que ha de buscarse las castañas y no se dedica, cual Son Gohan, a estar llorando tol puñetero día.

Desde el puntpo de vista de un adulto, ni es ético ni está bien, pero es un puto crío sin nadie que le ate en corto diciendo si algo se puede o no hacer. Bastante que no saliera cani



fpt says:

Madre mía qué de vueltas le estamos dando a la tortilla…..

Tengo que reconocer que el Principito me impactó mucho en su momento, pero no es algo habitual en la infancia, y con más de un referente icónico?

Si lo piensas, en el fondo, es una historia erótica. Está claro. En realidad es un “A Serbian Film” viejuno, con su zoofilia, su pederastia y su rollito raro niño-rosa (eso ya no sé si es simbiosis, fotosíntesis o qué).

Para referentes bonicos, tiernos y del que poder extraer enseñanzas vitales prefiero mil veces antes a Calvin & Hobbes: eso sí que es amor y lo demás son tonterías!!

Además, tiene esta cosa guay (y anticapitalista) de que su creador nunca jamás ha permitido que se produzcan peluches, ni camisetas, ni chapitas, ni imanes para las neveras de los alterguays, como sí ha pasado con el dichoso niño rubio este. C&H forever and ever.

Pero en fin, cada loca con su tema, yo no puedo hablar de referentes de infancia literario-visuales o lo que sea, que a mí me criaron poniéndome en bucle la peli “Yellow Submarine” de los Beatles y bastante es que no desarrollase epilepsia, aunque se me note la jodienda en otras cosas.

Buah. Qué paja mental. Eso, tía, estamos fatal.



Patitiesa says:

A mi libro de “El Principito” le tengo mucho cariño porque me lo regaló alguien especial, pero la primera vez que lo leí me enamoré del maldito zorro. A partir de ahí el Principito no me despertaba ninguna ternura, lo que me despertaba eran ganas de darle con un canto en los dientes.
Buen blog 😉 Me pasaré a menudo.
¡Un saludo!



Es que es muy duro ser el zorro, jo. Duele mucho, y luego el niño se va… es malo, jo, es malo. Gracias por leer el blog. Un saludo!



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