The Lost Dreamer











{26 abril, 2011}   Manual de Lesbianismo

Está una un domingo a primera hora de la mañana tan tranquila viendo la Formula 1 (una de mis mayores aficiones) en el salón. Hamilton consigue adelantar a Vettel por primera vez en lo que va de temporada y te encuentras animando, tu sola, al piloto que más odias desde tu sofá. Como las carreras son más divertidas con Twitter, vas poniendo cosas. Al rato, recibes una respuesta como la que muestro en la imagen: @thelostdreamer te estás convirtiendo en una lesbiana de manual xD.

Te quedas de palo. No sabías que hubiera una sola persona no lesbiana en el mundo que supiera de la existencia del Manual de Lesbianismo. Ese que te dan el Primero de Lesbianismo, cuando descubres en el instituto que te mueres de ganas por hacer manitas con tu compañera de pupitre. El tuit que le dedicó @joansinmiedo me sumió en una terrible crisis de identidad, haciendo que me preguntara si estaría siguiendo bien el manual. Así que empecé a repasar los puntos más importantes del Manual de Lesbianismo para asegurarme de si los seguía o no cumpliendo:

  • Tuitearás todas las carreras de Formula 1. Cuando exista Twitter, claro. Es obvio que este lo sigo cumpliendo.
  • No distinguirás el negro del azul oscuro. Tampoco tengo que esforzarme mucho para cumplir este.
  • Llevarás el pelo corto o, en su defecto, animarás al F.C. Barcelona hasta la muerte. Cumplido. Lo segundo, vaya.
  • Santificarás The L Word. Desgraciadamente este no lo cumplo. Esta asignatura he tenido que convalidarla con Lip Service.
  • Santificarás a Angelina Jolie. Tampoco. Mala lesbiana. Esta me la tengo que convalidad con Anna Torv y otras divas frikis.
  • El Manual de Lesbianismo es un texto largo lleno de normas y del que te examinas cuando entras por primera vez en un garito de Chueca. Por mi propia seguridad, hoy no voy a divulgar más partes de su (extensa) ordenanza, más que la regla de oro. Aquella cuya relectura me ha hecho padecer miedo:

    Pemanecerás en el armario, siempre, sobre todas las cosas. Que ninguna persona, animal o cosa sepa de tus desviaciones sexuales a no ser que tengas la certeza de que vas a practicar el sexo con ella o ello.

    Toda buena lesbiana debe permanecer en el armario durante el resto de sus días. Dios mío. A pesar de mis esfuerzos por ver la Formula 1, animar al Barça o jugar a la XBox nunca seré una buena lesbiana: estoy terriblemente fuera del armario. ¿Qué digo? El armario es un punto en el horizonte para mi. Bueno, nunca seré una buena lesbiana pero al menos hoy podré celebrar el Día de la Visibilidad Lésbica sin que se me caiga la cara de vergüenza. Feliz martes a todas, guapas. Y no olvidéis nunca que las reglas están para infringirlas.



    AVISO: Esta entrada puede contener trazas de SPOILERS. Su consumo no está recomendado para quienes confunden la literatura fantástica con el género juvenil ni para los lectores de libros de autoayuda.

    Todo llega en esta vida. El episodio piloto de la adaptación televisiva de Canción de Hielo y Fuego no iba a ser menos. Anoche, como gran parte de la comunidad geek del planeta, me reuní con amigos en torno a una mesa plagada de viandas y vino para degustar Winter Is Coming, es decir, las primeras páginas de la más grande novela de fantasía épica (al menos para mi) hechas imagen. He aquí las impresiones se una admiradora, ya no solo de la saga, sino de toda la creación literaria de su autor, George R. R. Martin.

    Así que el verbo se hizo carne mientras los frikis del mundo babeábamos como zombis delante del televisor. ¿El resultado? Bastante espectacular: la ambientación y la caracterización de los intérpretes simplemente no podía ser mejor. El lector, lejos de sentir que Invernalia pintaba distinta en su cabeza, se siente sobrecogido al ver el Bosque de Dioses en el que Ned Stark se retira a solas con su mandoble Hielo; por no mencionar el breve corte de respiración que se siente la primera vez que nos muestran El Muro, tan aterrador y majestuoso como lo habíamos construido en nuestra cabeza.

    El episodio piloto ha sido, parece ser, un plato de felicidad para los que ya habíamos recorrido Westeros desde las páginas de los libros. Simplemente, nuestra imaginación hecha realidad. No parece importarnos saber lo que va a suceder: la delicada ternura entre Ned y Catelyn, el pavor producido por Los Otros, las inseguridades de Jon o la estupidez del precario rey Robert… todo está ahí, igual que en los libros. Los actores parecen haberse empapado de la profundidad psicológica de sus personajes que es, en última instancia, una de las genialidades de esta saga.

    En el capítulo de cosas que no me han acabado de convencer solamente puedo poner, por ahora, la música y Emilia Clarke, la actriz que interpreta a Daenarys, uno de mis personajes favoritos de la saga. Sobre la música simplemente me parece un poquitín de serie B por ahora, pero es cierto que hay mucho tiempo para que mejore. Sobe Dany… cierto es que es un personaje que tarda en arrancar, así que me quejo, pero poco. Tal vez simplemente la actriz esté reflejando el miedo que transmite su personaje en los primeros compases de la saga.

    El Muro: prácticamente, un personaje más de la saga Canción de Hielo y Fuego.

    En resumen, opino que el piloto ha sido un festival para los que conocemos los libros, y un excelente punto de partida para quienes desconocen la historia. He hablado con personas de ambos bandos que lo han visto y todos coincidimos: queremos más. De aquí al 26 de junio podremos disfrutar de 10 capítulos que irán desgranando el primer libro de la saga. Y luego, a por Choque de Reyes. En España Canal + estrenará Juego de Tronos en castellano el 7 de mayo.



    Una de las áreas de refresco del parque Madrid Río a la altura del Puente de Segovia.

    Ayer por la tarde me di un breve paseo por uno de los tramos recientemente inaugurados del parque Madrid Río, recientemente inaugurado en mi ciudad. Anduve a lo largo del tramo entre Príncipe Pío y el Estadio Vicente Calderón, por la margen izquierda del Manzanares. Aprovecho que tengo un blog para apuntar mis impresiones sobre el proyecto estrella de esta legislatura en la capital del reino. Dejo al lector la extracción de conclusiones, sobre todo a través de su experiencia en el parque.

    – LO BUENO:

  • Que hay un parque donde antes solamente había carretera y ruido.
  • Que ahora parece que Madriz tiene un río. Al menos por unos metros.
  • – LO MALO:

  • A pesar de que gran parte de las personas que estaban disfrutando del parque lo hacían en patines o en bicicleta, no había ninguna zona o vía habilitada para ellos. A los viandantes solamente nos quedaba confiar en la buena voluntad el civismo de los propietarios de las ruedas para que todos pudiéramos caber por el paseo sin molestarnos demasiado.
  • En el par de kilómetros que recorrí no encontré más que una fuente que, además, no funcionaba. Además, no hay ni un solo puesto de helados, refrescos o pipas.
  • En dos kilómetros no encontré ni un solo banco. Había algo parecido a unas maceteras en las que se podía sentar uno, así como unas fuentes en las que puedes poner los pies a remojo (si quieres) mientras te sientas. Pero bancos, de los de toda la vida, ni uno.
  • El Puente de Segovia constituye una frontera insalvable para quienes quieren continuar su paseo desde Príncipe Pío: no se puede pasar por debajo, de modo que hay que subir por la calle Segovia, cruzar tres semáforos y andar un buen trecho para volver a acceder al parque. Ya que no hay un paso subterráneo, un paso de cebra justo a la salida del parque para facilitar el paso de un lado al otro no parece una idea tan descabellada.
  • Hay partes que son auténticos secarrales, con caminos de polvo y ni un poquito de césped para refrescar el ambiente. No hay sombras ya que la mayoría de los árboles todavía son demasiado pequeños para propocionarlas. No se me ocurriría pasear por ahí en verano.


  • {14 abril, 2011}   Un discurso sin palabras

    Y ya está, no tengo más que decir



    Ahora estoy en bSides



    Uno de los números que menos me gustó de Corteo.

    Llevo muchos años fascinada por Cirque du Soleil. Concretamente, desde que vi Alegría por primera vez, cuando tenía 12 años. Quienes conocen el mundo del espectáculo me dicen que el principal mérito de esta compañía de circo canadiense es hacer lo mismo que se ha hecho siempre, pero con unos medios descomunales. De cualquier modo, el singular flujo de emociones que me produce la música; los extraordinarios payasos que hacen que pases de la risa al llanto en menos de un minuto; los espectaculares acróbatas y el detallista vestuario hacen que rara vez me pierda ninguno de los espectáculos que traen a Madrid.

    Así que con Corteo (hasta el 5 de junio en Madrid y luego de gira por el resto de España) no ha sido menos. Me he gastado una buena cantidad de euros en un espectáculo que creía que me encantaría… y me he llevado un chasco interesante. Desgraciadamente, todo me ha parecido una copia barata de Alegría. Para empezar, los números acrobáticos son, en general, discretos. Salvo unas pocas excepciones, los artistas parecen inexpertos (movimientos tensos y poco fluidos, fallos claros, poca coordinación) y da la impresión de ser una compañía de categoría inferior dentro de Cirque Du Soleil. Por supuesto, hay algunos números impresionantes: el primero de las lámparas-trapecio, el que combina vuelos con camas elásticas y el último de acrobacia. Pero el resto… sosos.

    Pero la gran decepción viene con lo demás: siempre me encantaron los payasos de Cirque Du Soleil. Ni más ni menos, contrataban a los mejores del mundo. En Corteo en vez de payasos hay personajes que hablan (¿para qué? ¡es circo!) y cuentan una historieta francamente aburrida. Y, para colmo, los toques de humor los aportan dos disminuidos físicos (dos enanos). Simplemente no le encuentro mérito y no me hace gracia. Prefiero un payaso que no hable, una transición audiovisual, un baile… lo que sea, salvo eso.

    En resumen: a quien nunca haya visto a Cirque du Soleil, Corteo le encantará. No deja de ser un espectáculo con una factura de calidad, golpes efectistas y mucho dinero dentro. Para los que conozcan la trayectoria de la compañía, es posible que se les quede en una obra menor.



    Tengo 26 años. Desde los 14 hasta los 23 estuve estudiando como si la vida me fuera en ello. Me dejé el alma en el instituto y la vida en la universidad. Siempre me sorprende mucho la gente que dice que en la universidad pasó los mejores años de su vida: yo no. En realidad, creo que fueron de los peores. Sacarse Ciencias Físicas con la especialidad de Física Fundamental en cinco años y con notas decentes acaba dándote un dolor de culo inmenso. True story.

    Pero tuvo su recompensa: cuando aún me quedaban un par de meses para acabar la carrera hice una entrevista para hacer la tesis doctoral en el laboratorio de mis sueños. Y me cogieron. No por mi cara bonita (que la tengo) ni por lo maja que fuera (que lo soy), sino porque me había dejado el alma durante nueve años para llegar a eso y se notaba. Además, de propina, acabé consiguiendo una buena beca para realizar mi investigación. Esa tampoco me la dieron ni por lo buena que estoy ni por lo bien que follo.

    Soy consciente de que tuve mucha suerte. Hay mucha gente de mi generación bien formada y dispuesta que no encuentra curro ni a tiros. El mundo no es justo. Por ejemplo:

    El 43,5% de los jóvenes de entre 16 y 25 años que desean trabajar en España no encuentran un empleo. (Seguir leyendo)

    Ayer hubo una manifestación en que unos 2000 jóvenes de mi generación acabaron estropeando el mobiliario urbano de mi barrio en aras de que no encuentran ni curro, ni casa ni futuro. ¿Mi opinión sobre esto? Pues que es mucha casualidad que muchos de los que se están quejando hoy de que no encuentran forma de construir su vida sean los que tardaron 6 años de césped y cafetería en sacarse una diplomatura. Sé que hay muchas injusticias en el mundo y mucha gente que no se merece estar en paro. Pero también veo muchos amigos de mi generación que nos hemos dejado los cuernos para cumplir nuestro sueño (investigar, en mi caso), lo hemos logrado o estamos en ello.

    Los jóvenes tenemos que demostrar cuánto valemos como los que más. Es una putada, pero el que no lo demuestre no va a aspirar a mucho más que a servir hamburguesas. Y a mi eso no me parece tan mal.



    Así luchan por nuestros derechos los eurodiputados: rascándose los cojones de aeropuerto en aeropuerto. O, mejor dicho, de sala VIP en sala VIP.

    Votamos cada cinco años. Los europeos, digo. Bueno, en realidad unos pocos. Luego siempre nos quejamos de la baja participación. Durante los dos meses previos a tal fecha presenciamos una procesión de políticos engominados diciéndonos que esta vez si, que van a construir una Europa para las personas. Es decir, para todas las personas, no solo para las que dirigen bancos y empresas importantes.

    Luego unos ganan, otros ganan todavía más y disfrutamos de cuatro años y diez meses de despropósitos:

    Los eurodiputados, entre ellos la mayoría de los políticos españoles que han emitido hoy su voto en la Eurocámara, han rechazado este jueves aplicarse a ellos mismos medidas de austeridad similares a las que han aprobado varios Estados miembros para sus funcionarios o pensionistas, como viajar en avión en clase económica en lugar de en primera clase, no acumular dietas o congelar sus salarios en 2012. (Seguir leyendo)

    Lo voy a decir alto y claro: a los hijos de puta de los eurodiputados que han decidido seguir viajando en primera clase (puedes consultar la lista de diputados españoles con el sentido de su voto aquí) con la que nos está cayendo a los ciudadanos cuyos derechos deberían defender les deseo la muerte. Son la escoria de la sociedad y los responsables de que un proyecto hermoso como era la Unión Europea se haya convertido en un mal chiste. Mueranse, señores eurodiputados: (no necesito ningún #hashtag para decidir que la próxima vez) les va a volver a votar su puta madre.



    {4 abril, 2011}   Zapatero, no nos folles

    Era una noche de marzo. Toda la familia nos abrazamos cuando, después de pasarnos cuatro días llorando delante del televisor, Iñaki Gabilondo anunciaba que el Partido Socialista había ganado las elecciones. Bajé con un amigo a la calle Ferraz, emocionados, felices, llenos de esperanza después de haber asistido durante más de un año a varias manifestaciones, a cada cual más frustrante. Éramos unos críos que por primera vez en la vida tenían ganas de creer en este país.

    Y ahí estuvimos, gritando Zapatero, no nos falles. Esa frase era muchas cosas, pero creo que una de ellas era una súplica. Algo así como un Por favor José Luis, no nos folles por detrás sin lubricante, que ya bastante hemos tenido con el del bigote. Le suplicábamos que no nos jodiera más. Siete años después, ¿nos falló o directamente se nos folló?.

    Mis sensaciones sobre esto son encontradas. Durante muchos años admiré al presidente del gobierno. Llamadme tonta, pero le profesaba eso, mucha admiración. Sacar las tropas de Irak, la Ley de Dependencia, la Ley Antitabaco, los matrimonios homosexuales (con derecho a adopción), el carné por puntos y el consiguiente descenso en la siniestralidad en las carreteras, la Ley de Igualdad… Son todo cosas en las que creo y que me hicieron y me hacen sentir orgullosa de nuestro país.

    Pero se nos folló. Nos engañó y nos jodió, como una mala novia. Durante los años de bonanza económica fue incapaz de aplicar medidas reales para frenar la que se estaba montando con la burbuja inmobiliaria: simplemente se permitió que la corrupción, los ladrillos y los billetes de quinientos euros siguieran fluyendo a sus anchas por la geografía nacional y, al final, el ‘ajuste‘ económico lo hemos tenido que pagar entre todos. A base de pomada para el culo, quiero decir.

    Así que en eso se ha quedado Zapatero para mi: en un señor que hizo muchas cosas bien, pero no las suficientes. Sus errores los estamos pagando entre todos a través del desmantelamiento del estado del bienestar. Al final parece que nos ha jodido. Lo que no tengo claro es que lo haya hecho con mala intención.



    et cetera
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