The Lost Dreamer











{22 diciembre, 2011}   Mi secreto para no odiar la Navidad

Muchos se esperarán una entrada llena de mordaces e hirientes comentarios muy propios, no lo voy a negar, de mi sarcástico carácter. Pero no. Lo digo en serio. Yo confieso que no odio la Navidad. ¿Cómo es eso posible, si soy una atea que se pasa el día metiéndose con todo el mundo? No ha sido sencillo: hubo un tiempo en el que yo también odié la Navidad. Por eso voy a intentar explicar qué hago para que no sea el mal trago del que todo el mundo se queja:

La familia que anuncia el cupón de Navidad de la ONCE lo tiene más fácil: ellos toman drogas en Nochebuena.

  • En primer lugar, he de admitir que mi familia es pequeña. Y no, no es que mi abuela tuviera pocos hijos o que murieran en masa. No. Es que nosotros todos los malos rollos navideños y familiares ya los hemos pasado. Ahora mi familia es muy pequeñita y se reduce sola y exclusivamente a las personas que quiero de verdad. En Nochebuena ceno solamente con mi madre y con mi tía, que son las personas con las que como los sábados. No necesito a nadie más, no hay malos rollos: solamente nos queremos y disfrutamos sinceramente de estos días. Obviamente mi familia es un poquito más que eso (no mucho: mi padre, un par de primos y poco más), pero el secreto está en que yo controlo cuándo y cuanto los veo: lo justo para estar a gusto con ellos, pero sin cargar. Es lo bueno de las familias desestructuradas: que puedes jugar a los LEGO con sus miembros.
  • Evitamos poner la tele. Últimamente se me ocurrió poner vídeos de Gila en Youtube mientras cenábamos. Fue todo un éxito: nos reímos con el maestro en vez de aguantar los programas insufribles de la televisión (ojo, además estos programas suelen tender a generar conversaciones desagradables y conflictivas). En general, o ponemos música o vemos algo que nos guste y nos divierta: ese es el asunto, hacer lo que nos guste.
  • La comida no es un martirio: es un disfrute. Estos días están para comer lo que nos gusta, ni más ni menos. No hay que pasarse días enteros en la cocina, solo hay que disfrutar. Por ejemplo, en casa hay tres cosas estúpidas que nos encantan: la torta del casar, el jamón ibérico y el salmón. Para Nochebuena, que además es el cumpleaños de mi madre, cogemos un poquito de cada (de calidad, ¿eh?) y ya tenemos media cena apañada sin necesidad de dejar la cocina como Sarajevo. En serio, se puede cenar de puta madre sin matarse: ¿que lo que más te gusta en el mundo son los huevos fritos con morcilla? ¡Joder, pues hacedlos! Si la Navidad está para estar bien y contento…
  • Los regalos: aquí viene otro tema espinoso. De nuevo, como mi familia es pequeñita, puedo darme el gustazo de elegir buenos regalos para cada uno de sus miembros, en vez de tener que comprar decenas de mierdecillas. Me gusta hacer regalos que sé que van a hacer ilusión a la gente y suelo elegir con esmero mis regalos navideños. Es un esfuerzo, pero merece la pena cuando le estás dando una pequeña alegría a las personas que más te quieren en el mundo. Creo que todo este proceso solamente se disfruta si realmente a uno le hace feliz currarse un regalito para otra persona.
  • Las pequeñas tradiciones: todas las familias tienen sus códigos, sus guiños, sus costumbres. Pero estas costumbres son un coñazo si no nos gustan: hay que encontrar rutinas, tradiciones que nos hagan felices a todos. Un postre, un villancico, el concierto de año nuevo, el discurso del rey… cualquier cosa puede constituir un momento precioso en el que sencillamente estés a gusto con los tuyos haciendo algo que a todos os guste.
  • Lo sé. Me vais a decir que vivo en los mundos de Yupi. Sé que no todo el mundo puede hacer estas cosas que digo: hay quien tiene que aguantar suegras inaguantables, padres bordes y sobrinos capullos. A esos poco os puedo decir salvo que intentéis encontrar las cosas buenas, porque la Navidad está ahí, y nadie va a libraros de ella. Al menos, en la medida de tus posibilidades, trata de hacerla lo más llevadera posible. Y si no, siempre puedes emborracharte.

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    rosypunto says:

    pues me parece estupendo. La navidad es como uno se la planifica. Yo también pasé de odiarla a que me gustase, ahora con las pequeñas rutinas y rituales que tú dices, tan feliz. 🙂



    Nadie va a libraros de ella? Sí, el trabajo.

    Enhorabuena por la parte que te toca. A mí estas fechas siguen pareciéndome un cuento chino. Pasadlo bien.



    KATREyuk says:

    Coincido contigo en casi todos los puntos…
    🙂



    Fa-Kun says:

    Yo las navidades las paso con mi familia. Y cuando digo familia digo los de herencia directa de sangre y cara: mi madre y mis hermanos. Ha sido así toda la vida por circunstancias que no merece la pena relatar. Veo, leo y escucho como las cenas de navidad se convierten en motivo de compromisos que se atraviesan en la garganta y es algo que, por suerte para mi, nunca he entendido.

    Disfruto mucho estos días, pese a las ausencias que se dejan notar en un par de sillas vacías e irreemplazables.

    Así pues, felices fiestas, soñadora!



    La familia cercana, la que se quiere de verdad. Es la única forma de hacer llevaderas ‘estas entrañables fechas’. Eso y brindar por la república



    Me alegro de que te guste, nosotros desde un punto de vista organizativo lo tenemos más complicado, pero, aún así, también disfrutamos de estos días: tenemos una familia fantástica y nos llevamos todos muy bien (siempre hay algún cuñado/a que mete la pata, pero eso también es parte de la Navidad, no?). Y, después de todo, no está mal tener unas fechas que sirvan de recapitulación, que nos permitan reflexionar y llenarnos de buenos propósitos; en ese sentido, el solsticio de invierno me parece la época más adecuada porque el clima y la (escasa) luz animan a permanecer enclaustrados más tiempo del habitual.
    Un beso.



    Andrés says:

    Yo no odio la navidad, me resulta más bien indiferente.



    Bitelchús says:

    +1

    Nunca comprenderé lo que ganarán los que no hacen más que rajar contra la navidad como si les pagasen por intentar amargar a los demás cuando a nadie le obligan a celebrarlas.



    Clemen says:

    La Navidad me resulta una pesadez estresante, pero aparte de eso me pongo triste, cada vez más… En fin, que, como los partos, la hora sea corta.
    ¡Felices fiestas y próspero año 2012!



    Yo siempre he celebrado Nochebuena con mi familia directa y, si bien es cierto que se suele comer algo especial y que mi madre ciertamente pasa horas en la cocina, también es cierto que no es muy distinto de otras ocasiones en la que nos reunimos. Es más que nada una excusa para vernos todos, aprovechando que siempre es festivo y la gente está en casa.

    Así que yo tampoco odio la Navidad y os deseo unas felices fiestas, tanto si lo celebráis como si no.



    el joven scrooge says:

    bueno mientras mas rapido mejor, hay q ver la forma de soportarla si eres vendedor obvio q te gustara,ademas casi nadie se fija en la religion, sino en la plata lo que vas a gastar y comprar para presumir tus vecinos o amigos, en todo caso es mejor: tirarse unos tragos hasta el dia siguiente y quedar resaqueado todo el 25 , para los otros comprar una cosa que mas te guste el mismo dia, pa los q estan solos perderse en un night club, hay que dejar en claro q la navidad es solo pa los niños ..chao



    Mr.Taylor says:

    A mi siempre me ha gustado la navidad y siempre me he tenido que enfrentar a mi hermana diciendo la típica cantinela de que es una fiesta basada en el consumismo, etc. que sí, que es verdad, pero no es eso lo que a mi me gusta de la navidad. Yo disfruto con los pequeños detalles, con el olor a vino especiado al entrar en casa, ver el concierto de año nuevo con mi abuelo y ver cómo se emociona sabiendo que a su nieta le gusta la música tanto o más que a él…en definitiva, disfruto con todas esas pequeñas cosas que hacen que la navidad sea una forma de hacer especiales las reuniones familiares.

    Dicho esto, feliz navidad y próspero año nuevo!



    En eso debo reconocer que soy un privilegiado. En mi familia directa nos llevamos bien, pese a las diferencias, y en la familia política bueno, procuro no entrar al trapo con mi suegra (con evitar el tema “oro de Moscú” solucionado), sentarme lejos de mi cuñada y jugar con su bebita para no escucharla decir pijotadas. COn esas salvedades, todo es agradable.



    Corrijo mi anterior afirmación: anoche me pasé desde las 23 hasta la 1 deseando estrangular a mi cuñada, y como la bebita estaba dormida no pude siquiera relajarme haciéndola mimos.



    Los comentarios están cerrados.

    et cetera
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