The Lost Dreamer











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La web de ebooks.com, que vende A Dance With Dragons en formatos alternativos al Kindle

Una captura de la web de Amazon.com esta misma mañana con el listado de precios de A Dance With Dragons

Sí amiguitos, hoy se publica A Dance With Dragons y yo, inepta de mi, había decidido comprármelo en formato electrónico por una simple cuestión de que mi lector de ebooks (un maravilloso Scriba de Woxter) pesa la décima parte de lo que pesa la edición impresa. Empieza el circo: me voy a Amazon sin mucha esperanza y compruebo que la única versión electrónica que venden es la compatible con su Kindle. Pero lo peor no es eso: lo peor es comprobar que la edición digital es más cara que la de tapa dura (sin contar con los gastos de envío). Esto es, me gasto 200€ en el aparatito, tu te ahorras el papel, la tinta, las tapas y la gasolina y encima me cobras más. Amiguitos editores, ¿os creéis que yo soy gilipollas?

Aún estupefacta sigo mi periplo, intentando encontrar una web que venda el libro en un formato compatible con mi lector. Acabo en ebooks.com y me llevo el soponcio de la semana: A Dance With Dragons en formato ePub es todavía más caro en esta tienda que en Amazon. Y lo que es peor: es que es más caro que la edición física que vende la FNAC de Callao que está a 10 minutos andando de mi casa. En resumen: de locos. De locos y que no, que yo no pago 25 euros por un maldito archivo, por mucho que me guste Geoge R.R. Martin. Le he comprado comics, relatos, libros de ilustraciones, camisetas… le he comprado de todo a este señor, pero 25€ en un libro electrónico no me gasto.

Y así, niños, es como se consigue que una persona convencida de comprar un libro de su autor favorito acaba bajándoselo de The Pirate Bay porque una cosa es ser fan y otra muy distinta es ser gilipollas. Ahora a leer.

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Ayer cuando vi este trailer por poco me hago caquita de la emoción. La adaptación televisiva de la saga fantástica Canción de Hielo y Fuego puede que sea tan grande como llevan dos años diciéndonos… o más.

Muchos os preguntaréis qué es eso del Juego de Tronos del que habla todo el mundo. El Juego de Tronos es el juegan los reyes o aspirantes de Westeros para aumentar sus cuotas de poder a costa del de sus familias rivales. El Juego de Tronos es todo el entramado diplomático, conspirativo y militar que estos antihéroes medievales llevan a cabo para sentarse en el trono de hierro y gobernar sobre los habitantes de un continente lleno de magia muerta. Dejemos que Cersei Lannister nos ayude a comprenderlo mejor:

Cuando se juega al juego de tronos sólo se puede ganar o morir. No hay puntos intermedios.

¿Y qué tiene de especial esta saga que no tengan las Crónicas de la Dragonlance u otros similares? Básicamente, su autor, George R.R. Martin (cariñosamente conocido como El Gordo Cabrón): un señor que, a diferencia de muchos de los que escriben novela fantástica estos días, sabe escribir bastante bien y tiene una extraordinaria capacidad para construir personajes, despertar empatía por el mayor de los cabronazos jamás visto o presentar a los héroes como penosos peleles.

Martin es un tipo inteligente que ha conseguido venderle su saga de siete libros (por ahora el muy desgraciado solamente ha publicado cuatro) a la todopoderosa HBO para que ésta ponga a su disposición un despliegue de medios solo comparable al que puso en marcha para rodar Roma. Y la cosa se estrena el 17 de abril en los Estados Unidos. Ni que decir tiene que la serie va a pegar un pelotazo impresionante, pero hoy son los libros lo que quiero recomendar. Entre otras cosas, porque éstos los he leído y la serie aún no la he catado. Desde que se ha empezado a hablar de la serie ha aumentado drásticamente el número de personas que veo con algún libro de la saga entre las manos en el tren. Buena señal. Voy a dejar de hablar de las maravillas de Jon Snow, Daenarys, los Lannister y las correrías de la Guardia de la Noche más allá del muro y simplemente voy a pegar unas líneas del primer capítulo de Juego de Tronos, el primer libro de la saga. Apuesto a que alguno no puede dejar de leer.

En aquella mañana fría hubo preguntas y respuestas, pero más adelante Bran no recordaría gran cosa de lo que allí se había dicho. Al final, su señor padre dio una orden, y dos de los guardias arrastraron al hombre harapiento hasta un tocón de tamarindo en el centro de la plaza. Lo obligaron a apoyar la cabeza en la dura madera negra. Lord Stark desmontó y Theon Greyjoy, su pupilo, le llevó la espada. Se llamaba Hielo. Era tan ancha como la mano de un hombre y en posición vertical era incluso más alta que Robb. La hoja era de acero valyriano, forjada con encantamientos y negra como el humo. Nada tenía un filo comparable al acero valyriano.

Su padre se quitó los guantes y se los tendió a Jory Cassel, el capitán de la guardia de su casa. Blandió a Hielo con ambas manos.

—En nombre de Robert de la Casa Baratheon, el primero de su nombre, rey de los ándalos y los rhoynar y los primeros hombres, señor de los Siete Reinos y Protector del Reino; y por orden de Eddard de la Casa Stark, señor de Invernalia y Guardián del Norte, te sentencio a muerte.

Alzó el espadón por encima de su cabeza.
[…]
Su padre le cortó la cabeza al hombre de un golpe, firme y seguro. La sangre, roja como el vino veraniego, salpicó la nieve.
[…]
—El rey Robert tiene verdugos —dijo Bran, inseguro. No sabía la respuesta.

—Cierto —admitió su padre—. Igual que los reyes Targaryen, que reinaron antes que él. Pero nuestras costumbres son las antiguas. La sangre de los primeros hombres corre todavía por las venas de los Stark, y creemos que el hombre que dicta la sentencia debe blandir la espada. Si le vas a quitar la vida a un hombre, tienes un deber para con él, y es mirarlo a los ojos y escuchar sus últimas palabras. Si no soportas eso, quizá es que ese hombre no merece morir.



et cetera
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