The Lost Dreamer











{26 septiembre, 2011}   Los grandes argumentos de la derecha

¿Cómo hilar un discurso político mínimamente elaborado para un orangután?

Conversación real en la que A es maestra en la Comunidad de Madrid y B es funcionario del Estado:

A: …En el área sur de Madrid se han reducido más de 700 plazas. En la primaria ya hicieron criba el año pasado, pero es posible que el año que viene vuelvan a reducir las plantillas.
B: Es una lástima que os preocupe eso, en cambio a mi lo que me preocupa es que en la máquina de café del trabajo me han quitado el capuccino.
[El resto de los comensales se ríen]
C: Me parece lamentable la respuesta que acabas de dar. Estás utilizando el sentido del humor para disimular tu ignorancia y tu desprecio por la educación pública.
[El resto de los comensales piensan que C es gilipollas por arruinar una agradable velada hablando en serio de algo]
B: Pues es la verdad, a mi lo que me preocupa es la máquina de café del trabajo.

Y así nos va. Nos toca disfrutar de lo votado. Quien quiera callarse, que se calle. Pero yo no voy a cortarme un pelo si un facha ignorante gilipollas hay recordarle en voz alta lo que es.



{21 septiembre, 2011}   ¿Dónde está Tomás Gómez?

Han pasado 122 días desde las elecciones que llevaron al Partido Socialista de Madrid a su mayor derrota electoral del presente periodo democrático (salvando, obviamente, aquel asuntillo de Eduardo Tamayo) y el líder de esta formación, la eterna promesa del socialismo ibérico, el alcalde más votado de España, el Obama de Parla, el único, el irrepetible, el aplastaministras Tomás Gómez, se encuentra en paradero desconocido. La última noticia clara que tuvimos de él fue al día siguiente de su aplastante victoria derrota frente a (ésta sí que es única e irrepetible) Esperanza Aguirre, cuando nuestro héroe dijo que no, que no dimitía, que la culpa de todo la tenía Zapatero.

Desde entonces han pasado muchas cosas: el gilipollas soplagaitas que dijo que el metrobús no existía fue premiado con la presidencia de la Asamblea de Madrid; el Consorcio de Transportes aprobó con nocturnidad y alebosía alevosía una subida del 150% del billete sencillo de metro y autobús en plenas vacaciones mientras cientos de miles de cristofrikis peregrinos hacían uso de colegios, parques y transportes públicos que los madrileños pagamos (religiosamente, ahem…) con nuestros impuestos, a un precio irrisorio; media línea 7 de metro, justamente el tramo inaugurado hace 4 años en el Corredor del Henares, pasó casi tres meses cerrada coincidiendo con la aparición de deficiencias estructurales en varios edificios cercanos a su recorrido (por supuesto Metro niega cualquier relación entre dicho cierre y dichas grietas, pero por si acaso se han puesto a inyectar hormigón como cabrones); y, lo que es peor, resulta que los milagrosos planes de empleo del PP madrileño implicaban aumentar el número de horas docentes de los profesores de los institutos públicos de la región y dejar así a cientos de profesores interinos en el paro, amén de varios profesores con plaza fija sin horas para dar.

Este último punto es probablemente el más grave de lo que llevamos de legislatura en la región. Los profesores, liderados por los sindicatos, se han puesto en pie de guerra (que está genial, pero podían haber pensado mejor a quién votaban el pasado mes mayo) y están teniendo un apoyo bastante notable por parte de padres, alumnos y ciudadanos en general. Las desafortunadas declaraciones de Lucía Figar criminalizando a los profesores por establecer contactos con el 15-M y las angustiosas declaraciones de Espe Aguirre preguntándose si tiene sentido que la educación no obligatoria (a saber, bachillerato, FP y universidad) sea gratuita no han hecho más que echar más leña al fuego.

Y con la que está cayendo, el PSM y su líder de muestran que no sirven ni para hacer oposición. Tomás Gómez, incapaz de ceder su puesto a alguien con posibilidades de ganar las elecciones (sí, os recuerdo que justo ahora hace un año estábamos de primarias en Madrid), todavía más incapaz de ganarlas él, no es ni capaz de ganarse el sueldo como líder de la oposición. ¿Para qué le pagamos los madrileños entonces? ¿Para que convoque una rueda de prensa cuando el conflicto en la educación madrileña ya está completamente copado por los sindicatos? O Tomás Gómez ha estado estos meses secuestrado o es que simplemente es un inútil. Y no sé qué es peor.



Así pintaba la estación de Cercanías del campus de la Universidad Autónoma de Madrid tras el primer día de la selectividad de 2011.

Trabajar en un campus universitario tiene cosas curiosas. Una de ellas es el masivo peregrinaje de postadolescentes hacia las aulas universitarias en los primeros días de junio. Parece que ya somos bastantes las generaciones de españolitos que hemos pasado por este rito de madurez llamado selectividad y, que yo sepa, no nos han quedado secuelas graves. Pero al ver tantos infantes recorriendo un camino similar al que yo anduve hace algunos años me invita a poner algunas reflexiones por escrito:

  • Estoy a favor de la selectividad. Ya lo estaba incluso antes de hacerla. Es más, incluso estoy a favor de hacerla más dura y de que cada facultad pueda hacer pruebas propias para regular el acceso a las carreras. De hecho (y ahora es cuando me empezáis a pegar palos) pienso que hay una superpoblación en las universidades españolas fruto de la idea de que para ser alguien hay que estudiar una carrera. Aunque sea Historia. NO estoy en contra de los historiadores, pero aceptemos que nuestro país ha generado muchos más licenciados en Geografía e Historia de los que puede emplear. O bien fomentamos la creación de puestos de trabajo para ellos o bien se regula el acceso a este tipo de estudios en función (real) de las demandas laborales del país.
  • La selectividad es una buena prueba de madurez. Es bien sencillo aprobarla y quien lleve unas notas decentes en el instituto lo tiene fácil para elegir la carrera que quiera. Pero es un rito por el que hay que pasar: los chavales que hoy se examinan lo hacen como niños pero, al final de todo este proceso, serán universitarios. Casi serán adultos. Es una especie de (curioso) rito ciudadano que nos hemos montado.
  • ¿Para qué se estudia, para aprender o para aprobar la selectividad? Desgraciadamente, cuando la el medio se convierte en el fin, estamos ante una situación complicada. Se extiende la creencia de que los dos años de bachillerato sirven casi exclusivamente para aprender a aprobar la selectividad y a veces se deja de lado la satisfacción de aprender cosas nuevas, las cosas bonitas que tiene el estudio. ¿Dónde termina el medio (acceder a la universidad) y empieza el fin (aprobar un examen)? Ahí es donde veo uno de los principales errores de este sistema de pruebas de acceso a la universidad.
  • En cualquier caso, una prueba tiene que haber de cualquier modo. Pero, ¿somos capaces de generar jóvenes que no piensen que el único objetivo de estudiar es aprobar un examen? Supongo que es una pregunta que, en principio, tienen que responder los educadores y, a lo mejor en menor medida, los padres. Pero, al fin y al cabo, todos hemos sido estudiantes y sabemos mejor que nadie nuestros aciertos y errores. ¿Tu? ¿Qué piensas?



    et cetera
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