The Lost Dreamer











Envidia. Pura y dura envidia ante un talento incomparable que cada pocos años no puede evitar volver a sorprendernos, una y otra vez, con su inagotable universo personal y su sensibilidad para lo meramente bello. Envida es la única explicación para que los críticos de los principales periódicos de nuestro país despellejen (y nunca mejor dicho) como lo han hecho La Piel Que Habito. Especialmente hiriente es la crítica de Carlos Boyero en El País, en la que tacha de grotescos e involuntariamente cómicos algunos de los momentos más emocionantes del film. Por como habla y escribe, mucho me temo que el señor Boyero lleva años confundiendo su propia estupidez y la del público más básico con la palabra de Dios. Y va a ser que no.

Puedo comprender que la rebuscada y enfermiza historia relatada en La Piel Que Habito no guste a todo el mundo. Es normal, es un relato de por y para dementes. Pero de ahí a descalificarla a ella y a todo su equipo (director manchego a la cabeza, por supuesto) sin piedad, cuando vivimos en un país que ensalza a mindundis sin la más mínima sensibilidad como Alejandro Amenábar, me parece simplemente de vergüenza. De vergüenza porque, independientemente de la narración, técnicamente la película es un festival de belleza. La madurez de Almodóvar se demuestra en la perfecta geometría de cada plano, en el tratamiento del color y en el lenguaje corporal de sus actores: las escenas de Elena Anaya practicando yoga, el detalle de las alfombras vistas desde arriba, el color de la sangre en las escenas de laboratorio… todo en La Piel Que Habito rezuma estilo, buen gusto y saber hacer. La desgarradora banda sonora de Alberto Iglesias (disponible en Spotify) también contribuye a intensificar todavía más la experiencia de su visionado.

No voy a mentir: quien vaya al cine esperando ver al Almodóvar de Volver o de Mujeres Al Borde De Un Ataque De Nervios, va a salir echando pestes. Obviamente los detractores de toda la vida de Pedro también pueden ahorrarse la entrada. Pero a toda persona que quiera ver algo distinto, intenso, hermoso, bien hecho y que no le va a dejar indiferente, le animo a que pague su entrada y opine sobre la película. Con un poco de suerte puede unirse al club de dementes a los que La Piel Que Habito nos ha fascinado.



{5 mayo, 2011}   La Caza de Bin Laden

Hoy en mi blog cuento con un invitado de excepción: Lebonneloup, politólogo, habitual comentarista en este blog, twitero y, sobre todo, un gran amigo mío. Lebonneloup sabe de terrorismo mucho más que yo y se ha animado a escribir un extenso e interesante artículo sobre los acontecimientos de los últimos días en el panorama internacional. Es un poco largo, pero de lectura obligada para quien quiera tener una opinión completa sobre el asesinato de Bin Laden. Disfrutadlo.

Hace tiempo que tengo claro que, ante estas cosas, más vale tener un poquito de paciencia, porque en días sucesivos comenzarán a clarificarse algo más las cosas, se irán sabiendo otras, y con cuanta más información, mejores análisis pueden hacerse. Ya desde el minuto uno se produjeron meteduras de pata de envergadura, quiero pensar propias de las prisas, como la del diario El País, colocando en Afganistán un mar inexistente desde que la geografía es tal cosa, o el espantoso ridículo la de la RAI o la Tele5 italiana hablando del cadáver de “Obama”. Sea como fuere, uno no deja de pecar de inocente sabiendo de antemano que la catarata de informaciones y, lo que a veces es peor, opiniones, va a venir en forma de maremoto, y al final no hay modo de resistirse y acabamos diciendo algo, asi que vamos a ello.

En primer lugar vaya la advertencia. Por mucho que en los siguientes días lleguen comunicados oficiales, doy por sentado que buena parte de todo este asunto caerá bajo una etiqueta de seguridad nacional de uno u otro nivel y que tardaremos décadas en llegar a la información total. Confiemos en que al menos, todos los documentos tengan una fecha finita en su nivel de secreto. De modo que a partir de aquí cualquier cosa que se diga debe hacerse con un pie asentado sobre arenas movedizas y un cierto margen de duda. No se trata de espíritu conspiranoide: es la simple asunción experimentada de que en estos asuntos la luz no lo alumbra todo y el taquígrafo no se entera de alguna parte, y al final o nos contentamos con la historia oficial o damos pábulo a la que no lo es, por cuyo poco riguroso filtro se nos suelen colar historias calenturientas entremezcladas con otras que, a veces, resultan más creíbles y sostenibles como basamento de una duda más que razonable.

La primera reacción a la noticia a uno le llega por las tripas y no puede evitar una cierta satisfacción. Ha desaparecido el promotor de la nebulosa de Al Qaeda, el gran financiero del terrorismo internacional de los últimos casi veinte años, el gran icono aglutinador del radicalismo salafista, el agitador de la muerte, el último referente ideológico de un movimiento que ha dejado miles de muertos alrededor del mundo. Aborrezco el odio que ha diseminado. Aborrezco su integrismo. Aborrezco su visión rigorista de su propia religión y su estrecha y maniquea concepción del mundo. Lo aborrezco a él como he aborrecido, desde que tuve conocimiento de ellos, a todos los Torquemada del mundo, y a los Pinochet, a los Stalin, a los Pol Pot, a los Mussolini, a los Franco, a los Videla, a los Millán Astray y un largo etcétera que si continuo no le veo final. No me sirven las justificaciones basadas en certezas sobre la opresión de los pueblos musulmanes en determinados lugares del mundo. No me sirve la excusa de la pobreza que empuja a los desesperados a abrazar al rigorismo y lanzarse al martirio. Hitler también tenía razones palpables e innegables cuando vomitaba sobre el infame Tratado de Versalles, y eso jamás sirvió, a la postre, para que nadie le justificase ni lamentase su desaparición. Muchos quizá lamentaron que el infame tirano austriaco se quitase la vida y obligase a llevar la guerra hasta la mismísima vertical del búnker en que se escondía, otros tantos (quizá millones, a saber) hubiesen seguido vivos si de alguna forma le hubiesen parado los pies tiempo antes. Sé que esto es terreno muy pantanoso, pero recuerden, he dicho que hablaba con las tripas. Ningún dilema moral.
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{3 diciembre, 2010}   Arsénico por compasión

Ahora en http://www.thelostdreamer.com/arsenico-por-compasion/



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