The Lost Dreamer











Hoy ya a nadie le es ajena la historia de la madre coraje valenciana que mediante una colecta ha conseguido 7000 euros que permitirán al (infame) Centro de Investigación Príncipe Felipe (llegará un día en el que algún centro de investigación español se haga célebre por la ciencia que produzca y no por un ERE?) readmitir a la científica que investigaba la cura para la enfermedad de su hija. Muchas personas se han ofrecido para dar algo de dinero a esta iniciativa, que pretente conseguir 25000 euros para que se pueda completar la investigación.

Curiosamente todo esto coincide en el tiempo con la iniciativa #casillaCiencia, una petición de Actuable promovida por un científico español que pide lo siguiente:

¡Exige una casilla en tu declaración de la renta para poder dedicar un 0,7% de tus impuestos a la consecución de un mundo mejor!

La iniciativa lleva 10 días en marcha y parece estar siendo todo un éxito. Pues bien, tengo algo que decir sobre estas dos historias: NO ME GUSTAN.

Por supuesto, es muy loable el esfuerzo de la madre valenciana y la historia es enternecedora. Como anécdota está bien, pero como nada más. Ambas historias dan a entender una cosa: que la financiación de la actividad investigadora está abocada a hacerse con migajas, con limosna pura y dura, en lugar de con los presupuestos del Estado y de las grandes empresas, que es como está mandado.

Y no, no es de recibo poner una casilla para la Ciencia en la declaración de la renta. De hecho, nunca he comprendido que destinar el 0,7% de nuestros impuestos a la ayuda al desarrollo sea optativo. Me parece bien que haya una casilla así para la Iglesia Católica, igual que debería haberla para las demás religiones practicadas en España. Pero la ayuda el desarrollo y la investigación no se pueden sufragar con limosnas, una casilla opcional no vale. ¿Nos parecería bien habilitar una casilla para financiar la sanidad pública? ¿No, verdad? Pues tan obligación es para el Estado la sanidad como los grandes programas de Ciencia.

Por último, no quiero cerrar el post sin hacer una reflexión sobre la gente que se anima a poner algo de dinero en una colecta para la Ciencia pero que se queja de que le suban los impuestos, hace todo lo posible por evadirlos, considera inservible un Ministerio de Ciencia e Innovación (conozco a algún científico que defenestraba dicho ministerio solamente porque pensaba que ellos habrían sido mejores ministros que la Garmendia) o no apoya marcas y empresas comprometidas con el I+D. La Ciencia se financia con nuestros impuestos y con las empresas innovadoras. Es a ellos a quienes se debe apoyar para que los centros de investigación de este país dejen de hacerse célebres por sus recortes de plantilla.

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Llevo muchos años despotricando de la agobiante falta de temas del cine español: grupo de amigos de treintaytantos y sus respectivos cuernos, matrimonios maduros con hijos conflictivos, parejas en desintegración… uf, que pereza. De vez en cuando vienen un Vigalondo o un del Toro a demostrar que no todos los thrillers exigen la presencia de Antonio Resines y que no hay una sola manera de retratar los terrores que el fascismo causó en nuestra tierra paro, tradicionalmente, la ciencia-ficción y la fantasía están vistas como géneros menores, incapaces de armar nada serio y con un target de cuatro frikis y varios niños.

Supongo que ello unido a lo elevado de los presupuestos necesarios para hacer unos efectos especiales decentes han echado atrás a la industria (¿cuántos animadores pueden pagarse con el sueldo de una sola de nuestras estrellas?), pero los hechos demuestran que cuando las cosas se hacen bien, la taquilla, la crítica y los Oscar responden. ¿Por qué, entonces, tanto miedo?

Toda esta reflexión me viene a la cabeza al blog porque el otro día fui al cine (!) a ver una película española (!!) de ciencia-ficción (!!!). Se llamaba Eva y me encantó. Ya leí a @oyejuan comentar en su blog que lo primero que se te pasa por la cabeza cuando empieza la película es que no parece española, signifique eso lo que signifique. No nos dejemos despistar por los numerosos (y magníficos) efectos especiales que pueblan el metraje para dar vida a los robots que aparecen en la historia, que visual y conceptualmente es sencillamente impecable (pedazo de títulos de crédito). Cualquier conocedor del género apreciará en esta íntima cinta la impronta de un buen conocedor de las Leyes de la Robótica de Assimov y los libros que las han dando forma, así como la delicada sensibilidad necesaria para contar una historia de padres, hijos, amores abandonados y miedo a la soledad de una forma diferente.

Lluis Homar: de lejos, lo mejor de la película

Eva me recordó mucho a una película de Steven Spielberg: Inteligencia Artificial, un truñazo insoportable (que empezó a demostrar la preocupante falta de rumbo del creador de E.T.) que no ha mejorado con los años y que versa más o menos sobre el mismo asunto: ¿seremos capaces de crear robots que imiten los sentimientos y emociones que producen los niños?; pero desde un punto de vista sensiblero, aburrido y pedante. La aproximación de Maíllo y su equipo (aparte de durar una hora menos) es simple, pero más sincera y sorprendente que la del midas estadounidense.

No destriparé nada sobre la trama, pero solamente apuntaré que cuando una película me aburre tiendo a pensar por mi misma y a adelantar y/o adivinar los acontecimientos que sucederán al final, o a desentrañar por mi misma el misterio de la historia, si es que lo hay. Mientras veía Eva no dediqué ni un solo minuto a verme venir lo que iba a suceder (aunque el final sea bastante obvio): dejé que la historia me meciera dulcemente sin sentir prisas por adivinar lo que estaba sucediendo, hasta que al final llegó a sorprenderme y enternecerme a partes iguales.

Por último, mención aparte merece Luis Homar: Goya al Mejor Actor Secundario YA por su deliciosa interpretación de Max, el robot doméstico que, con su contrapunto cómico, acaba por despertar los sentimientos más tiernos (él y no la niña) en el espectador. Un diez para él, y también una buena nota para Daniel Brühl, al que se le agradece el soplo de aire fresco que supone verle en nuestras pantallas. Poco más: vayan al cine, y vayan a ver Eva: es una película preciosa, bien hecha, y apta para todo tipo de públicos.



{25 octubre, 2011}   Que alguien me lo explique

Se equivocan quienes ironizan con la falta de concreción del Partido Popular a la hora de exponer su programa electoral. Con la derecha gobernando en 15 de las 17 autonomías, su programa político está bien claro. La consigna es simple: liberalismo brutal, privatización de los servicios más elementales y, para el que no pueda pagar las prestaciones privadas, migajas de pordiosero. El neoliberalismo económico, además de la letra, con sangre entra.

Los españoles infringimos al PSOE un castigo memorable en las elecciones de mayo. Normal, los últimos dos años de tropezones, desconcierto y de no tener ni puta idea de lo que hay que hacer les tenían que pasar factura. A cambio nos regalamos unos gobernantes que lo tienen todo mucho más claro. De las recetas milagrosas del PP para solucionar el paro y la falta acuciante de crecimiento no se sabe nada en las comunidades autónomas que gloriosamente gobiernan. Francamente, no hay ni un solo indicio que invite a pensar que el Partido Popular va a saber gestionar la crisis económica mejor el Socialista, puesto que a nivel regional no aportan grandes soluciones. Lo que si está claro es que donde el PSOE ha tratado de mantener, mal que bien, becas de libros de texto, hospitales públicos dignos, medicamentos para nuestros enfermos y ayudas a los pensionistas más necesitados, los populares van a venir a follárselo todo. ¿Por qué vamos a permitir, entonces, que arrasen en las elecciones del mes que viene con una mayoría absoluta como no se ha visto en años?

Estoy deseando ver las caras de los orgullosos ciudadanos que salen a manifestarse junto a antisistemas a los que les interesa más crear sus propios chiringuitos en lugar de viviendas para los que más las necesitan en los edificios que ocupan ilegalmente (que curioso, igualito que los políticos a los tanto defenestran). Estoy deseando ver la cara de toda la gente que grita alegremente Lo llaman democracia y no lo es cuando el PP tenga más poder político en sus manos del que no ha tenido nadie desde los tiempos de la dictadura. Lo estoy deseando porque cuando hayamos destruido al único partido capaz de plantarle cara a la derecha en este país, entonces sí que tendremos motivos para quejarnos.

Necesito que alguien me explique por qué los españoles de izquierdas vamos a hacer esto. Vale que el PSOE no es la mejor opción. Pero es que he votado muchas veces a IU y siempre, sin excepción, me he arrepentido de mi voto: no son un partido serio y no son leales a sus votantes. No merecen mi confianza porque son incapaces de tener una visión realista del mundo. No me gusta Equo porque en general me llevo mal con los ecologistas que exigen el cambio del modelo energético desde sus iPads. No me gustan los antitaurinos ni todos los pequeños partidos de izquierda que se van desgranando de IU: me parecen tan poco serios como aquellos. El PSOE, a pesar de sus fallos, al menos ha demostrado que puede gobernar y otorgar derechos a quien no los tiene. Me parece que afanarnos en humillarlo es tirar piedras sobre nuestro propio tejado. Si alguien sabe explicarme en qué va a beneficiar a los ciudadanos en más que previsible resultado del 20-N, por favor, que utilice los comentarios para explicármelo. Porque yo no lo entiendo.



{14 octubre, 2011}   15Oct: Que no a todo

Esta fecha me está haciendo reflexionar. Hace un par de días le pregunté a un amigo con el que fui a algunas de las concentraciones de la Puerta del Sol en mayo si asistiría a la manifestación. Me respondió que motivos había. Pero acabó la frase con un pero: la última vez que fuimos a una manifestación bajo la marca del 15-M nos encontramos rodeados de gente que gritaba cosas en las que no creíamos para nada (no, no pienso que vivamos en una dictadura y no, no pienso que el PP y el PSOE sean lo mismo). Y no nos hizo gracia.

Mi amigo tenía las mismas dudas que yo. Una compañera de trabajo bastante metida en esta historia me dice que es una manifestación contra los ataques a los servicios públicos (hasta aquí bien, yo también quiero manifestarme por eso) y contra el rescate a los bancos (supongo que como alternativa proponen el Corralito, que tanto bien le hizo a las clases trabajadoras en 2001, cuando todos sus ahorros sencillamente dejaron de existir) y (cito) todas estas cosas. (Como se verá en las siguientes líneas, mi compañera tampoco debe estar tan bien informada como yo creía)

A falta de explicaciones más claras (y convincentes) me lanzo a los brazos de Google: si voy a manifestarme, qué menos que saber bajo qué manifiesto salgo a la calle, ¿no? Busco y empieza el circo. El primer resultado es la web de Democracia Real Ya, en la que el único manifiesto que hay es el que ya dio vueltas el pasado mayo (no, aquí no hay nada parecido a un programa ideológico, solo una convocatoria). Han pasado seis meses. Alguien tiene que haber elaborado un manifiesto nuevo. Consensuado, con puntos ordenados e ideas. Amos, digo yo que seis meses de asambleas tienen que haber llevado al menos a un puto manifiesto conjunto. Pregunto en Twitter varias veces y apenas obtengo respuestas. Sigo buscando en Google. Empiezo a intuir que hay tantos manifiestos como asambleas locales en España (agárrate a la brocha que me llevo la escalera) y que, mucho de lo que llaman manifiesto no es más que material de convocatoria.

No me acabo de creer lo que voy encontrando, así que decido ir a otra de las webs más importantes: la de #acampadasol. Vivo un momento de alegría cuando leo Programación #15oct Madrid, hago click… y flipo:

12h Asamblea informativa y finalización de la pancarta principal, propuesta por la Asamblea del barrio de los Austrias, en la plaza de los Carros.
12h Comida en el Parque Paraíso de San Blas y taller de camisetas.
12h Saludo al Sol (yoga, vídeo demostración), en Sol.

Saludo al Sol. Como lo leemos. El mundo se va a la mierda y empezamos el sábado con un saludo al Sol. Con dos cojones. ¡Eh! y un taller de camisetas. Para formanos y solucionar del paro.

18h Manifestación Cibeles-Sol

  • En Cibeles se hará una performance frente al cuartel general del Ejército de Tierra, esquina Banco España, con motivo de la participación del Estado español en el escudo antimisiles. ‘Escudo antimisiles versus ‘escudo antimercados‘”.
  • Participación del Coro-protesta.
  • Hay varios grupos de batucadas que han confirmado participar en la manifestación.
  • Aha. Batucadas. Que bien. Por un momento pensé que podía montarse una manifestación silenciosa o algo. Y un coro. ¡Un coro! Importantísimo, ¿eh? A los banqueros les va a joder la vida. Con un poco de suerte conseguimos matarlos. De risa.

    Al llegar a Sol (20h aprox.)

  • Flash-mob ‘La Muerte’ (actuación/performance multitudinaria): Nos tiraremos todxs al suelo, representando a todas las personas que mueren en el mundo, con banqueros de pie riéndose (duración aproximada: 1 min.).
  • Grito mudo (a ser posible con pegatinas con el símbolo del euro o del dolar en la boca) (duración aproximada: 1 min.).
  • Actuación Orquesta Solfónica: 9ª de Beethoven.
  • Actuación Coro-Protesta.
  • Presentación del escudo antimercados: un hechicero actuará contra la magia negra de los mercados.
  • TodXs nos tiraremos al suelo. Y cuando nos levantemos la gente seguirá muriendo. De puta madre. Lo del mago de los mercados es una genialidad ¿eh? Lo de Beethoven me parece lo más sensato que he leído hasta ahora: con suerte alguien tiene a bien pensar mientras escucha la música. Y lo del grito mudo… bueno, ¿qué decir? Recuerdo haberlo hecho en alguna de las concentraciones de mayo y dos días después ver como Esperanza Aguirre ganaba las elecciones por goleada. No entendí muy bien su función.

    22:00-23:30h Asamblea en Sol

  • Lectura del manifiesto global.
  • Punto de información de la jornada de movilización (Comisión Internacional, Comisión Estatal, APM).
  • Una fascista como yo tendería a preguntarse dónde cojones está el link al manifiesto global que pretenden leer. Lo prometo, en la web no está. El programa sigue, pero creo que este post ya es lo suficientemente aburrido y que he llegado a mis propias conclusiones: el programa para la manifestación de mañana es uno de los mayores insultos a la inteligencia que he visto en mucho tiempo, completamente vacío de ideas, propuestas sólidas y/o soluciones. Cháchara inútil y populista que me produce vergüenza como persona de izquierdas que soy. Yo mi #15Oct ya he decidido cómo celebrarlo: el próximo 20 de noviembre, en las urnas, con mi papeleta en la mano. Y después, que Dios reparta suerte. Porque la vamos a necesitar.



    Dedicada cariñosamente al juez Del Olmo:

    Lo confieso. Me gusta que me llamen zorra en la cama. Con una sonrisita torcida y sin sujetador. También suscribo la canción de Las Vulpes (que debe tener más años que yo, pero bueno), como cariñoso apelativo de noches en las que salgo a divertirme y a bailar con mis amigos. Pero me parece que la palabra zorra proferida por un tío que le dice a su hijo que su mujer al día del juicio no iba a llegar poco tiene de excitante, cariñoso o, como dice el juez Del Olmo, para describir a un animal que debe actuar con especial precaución.

    Conozco mucha gente chicas que dicen que en España hay mucho menos machismo del que se dice. Luego les toca un jefe, compañero de piso, profesor o juez (lo que se viene llamando hechos y experiencia) que las trata como si fueran puta basura y empiezan a pensar que tal vez estaban equivocadas y que sí que hay machismo en España. La judicatura, lejos de ser una excepción, parece ser un ejemplo paradigmático de ello. O nos cabreamos y pataleamos o nos lo tomamos con humor y salimos adelante. Como siempre hemos hecho.





    Voy a ser breve: estoy a favor de la reforma de la Constitución para limitar el endeudamiento de las administraciones, y estoy a favor de que se apruebe sin referéndum. Antes de que el mundo me despelleje viva, expongo mis motivos. Agradecería que los leyerais mientras afiláis los cuchillos.

  • Mienten quienes, como los sindicatos, Izquierda Unida o Unión Progreso y Democracia, afirman que evitar que las administraciones se endeuden en exceso torpedeará en Estado del Bienestar. Señores, una administración que gasta más de lo que tiene es incapaz de sostener sus servicios públicos, como bien sabemos los madrileños y bien saben los valencianos. El Estado del Bienestar peligra si seguimos con esta política de deuda infinita, cuyos intereses encarecen todavía más cualquier acción. El uso populista que están haciendo las fuerzas de izquierda de esta medida para arañar unos cuantos votos al Partido Socialista me parece sencillamente nauseabundo.
  • Le piense a quien le pese, si el PP y el PSOE unen sus fuerzas representan a la amplísima mayoría de los votantes, que les entregaron su voto hace algo más de tres años. Unos 21 millones de votos más que legítimos para reformar la Carta Magna de acuerdo con nuestras propias leyes. Nadie está dando un golpe de Estado, nadie está cortando las alas a la Democracia y nadie está estableciendo un estado dictatorial, como he leído a mucha gente decir estas últimas semanas. Solamente se está haciendo uso de los canales legales para la reforma que nosotros mismo nos hemos dado. Ahora bien, comprendo el cabreo de una ciudadanía a la que se le lleva años diciendo que la Constitución es intocable: lo cierto es que mientras no haya entendimiento entre PP y PSOE, la Constitución es intocable. El Partido Popular ha pasado las últimas dos legislaturas bloqueando cualquier intento de acuerdo para ciertas reformas importantes y necesarias y en esas condiciones ni siquiera se podía plantear la idea de un referéndum.
  • Muchos critican la reforma, tachándola de imposición de la Unión Europea, los alemanes y del Banco Central Europeo. Más o menos la misma gente que, vía Fondos FEDER, han hecho que este país pase de contar con unas infraestructuras tercermundistas a ser lo que es hoy (cualquiera que recuerde lo que era hacer un viaje largo por carretera hace 20 años sabrá a lo que me refiero). ¿Creíamos que iba a ser gratis formar parte del club europeo? Nos ha dado muchas cosas buenas, pero ahora que nos exigen algo, lloramos, pataleamos y gritamos que esto es una dictadura. Joder, no se puede ser ni tan crío ni tan irresponsable.
  • La sociedad española no está preparada para votar en referéndum algo tan crítico como una exigencia clara y taxativa que nos impone el Banco Central Europeo a cambio de comprar bonos españoles, salvándonos así de la bancarrota y el rescate. Por supuesto, a los especuladores que juegan a hundirnos habría que colgarlos de las pelotas en una plaza pública, pero como no se puede, hay que hacer lo que esté en nuestra mano para salir adelante. Con el deleznable juego populista que está haciendo la izquierda de todo esto, las posibilidades de que en un referéndum (en el que iríamos a votar los mismos cuatro gatos de siempre, joder, que nos conocemos) salga NO, como pasó cuando Francia votó contra la Constitución Europea sin tener ni pajolera idea de lo que estaban haciendo, solo por cabreo contra su gobierno y mandando al traste cualquier sueño que tuviéramos los europeos de unión política. Tengo la impresión de que es este riesgo al NO lo que impulsado al PP y al PSOE a unir fuerzas (por una puta vez en siete años y medio): la que nos podría caer si algo así sucediera podría llevarnos a envidiar a los griegos.
  • Dicho esto, podéis matarme. Para eso están los comentarios.



    Así pintaba la estación de Cercanías del campus de la Universidad Autónoma de Madrid tras el primer día de la selectividad de 2011.

    Trabajar en un campus universitario tiene cosas curiosas. Una de ellas es el masivo peregrinaje de postadolescentes hacia las aulas universitarias en los primeros días de junio. Parece que ya somos bastantes las generaciones de españolitos que hemos pasado por este rito de madurez llamado selectividad y, que yo sepa, no nos han quedado secuelas graves. Pero al ver tantos infantes recorriendo un camino similar al que yo anduve hace algunos años me invita a poner algunas reflexiones por escrito:

  • Estoy a favor de la selectividad. Ya lo estaba incluso antes de hacerla. Es más, incluso estoy a favor de hacerla más dura y de que cada facultad pueda hacer pruebas propias para regular el acceso a las carreras. De hecho (y ahora es cuando me empezáis a pegar palos) pienso que hay una superpoblación en las universidades españolas fruto de la idea de que para ser alguien hay que estudiar una carrera. Aunque sea Historia. NO estoy en contra de los historiadores, pero aceptemos que nuestro país ha generado muchos más licenciados en Geografía e Historia de los que puede emplear. O bien fomentamos la creación de puestos de trabajo para ellos o bien se regula el acceso a este tipo de estudios en función (real) de las demandas laborales del país.
  • La selectividad es una buena prueba de madurez. Es bien sencillo aprobarla y quien lleve unas notas decentes en el instituto lo tiene fácil para elegir la carrera que quiera. Pero es un rito por el que hay que pasar: los chavales que hoy se examinan lo hacen como niños pero, al final de todo este proceso, serán universitarios. Casi serán adultos. Es una especie de (curioso) rito ciudadano que nos hemos montado.
  • ¿Para qué se estudia, para aprender o para aprobar la selectividad? Desgraciadamente, cuando la el medio se convierte en el fin, estamos ante una situación complicada. Se extiende la creencia de que los dos años de bachillerato sirven casi exclusivamente para aprender a aprobar la selectividad y a veces se deja de lado la satisfacción de aprender cosas nuevas, las cosas bonitas que tiene el estudio. ¿Dónde termina el medio (acceder a la universidad) y empieza el fin (aprobar un examen)? Ahí es donde veo uno de los principales errores de este sistema de pruebas de acceso a la universidad.
  • En cualquier caso, una prueba tiene que haber de cualquier modo. Pero, ¿somos capaces de generar jóvenes que no piensen que el único objetivo de estudiar es aprobar un examen? Supongo que es una pregunta que, en principio, tienen que responder los educadores y, a lo mejor en menor medida, los padres. Pero, al fin y al cabo, todos hemos sido estudiantes y sabemos mejor que nadie nuestros aciertos y errores. ¿Tu? ¿Qué piensas?



    Hoy es el Día Internacional del Donante de Órganos y yo tenía en mente un post precioso sobre el tema. Pero no. Hasta eso tiene que venir el rey y fastidiármelo. El rey. Ni más ni menos. Joder, debería sentirme honrada de que su majestad me fastidie el desayuno mientras oigo la radio. Debería abrazar sonriente las naúseas que siento cuando escucho a los periodistas excusar amablemente a su majestad por el intolerable trato con que honró a los compañeros que, encima, están ahí para loarle y dorarle la píldora.

    El desprecio y mal gusto con el que este mentecato abroncó ayer a unos periodistas, acusándolos de mentir sobre su estado de salud, es simplemente de vergüenza. El desprecio propio de un señor que no nos ve como ciudadanos, iguales ante la ley y poseedores del derecho a la libertad de expresión. El desprecio propio de un señor que nos sabe vasallos, inferiores a él y a su familia, que nos mira desde tu intocable pedestal.

    España es un Estado de Derecho, sí; un país relativamente libre y civilizado en el que se puede insinuar, sin pruebas ni consecuencias, que la vicepresidenta del gobierno es lesbiana y mantiene una relación con una conocida presentadora de infotmativos o en el que se puede decir (siempre en tono jocoso) que la esposa del presidente del gobierno parece un transexual. Pero el Estado de Derecho termina donde empiezan los muros del Palacio de la Zarzuela: a partir de ahí todo es silencio y cabezas agachadas. Feudo y vasallaje. A partir de ahí la reina puede opinar sobre el aborto y los matrimonios homosexuales (en contra, faltaría más), pero pobre del periodista que haga una broma sobre sus hábitos alimenticios o sobre su existente o inexistente cornamenta.

    Yo a Juan Carlos de Borbón no le deseo ni la muerte ni, tan siquiera, la enfermedad. Le deseo que cuando le operen de la rodilla lo hagan en (por ejemplo) el Hospital de Móstoles, para que pueda compartir una un habitación en la sexta planta (dos ascensores para todo el hospital y ni siquiera le deseo que se estropee uno de ellos) con otras dos personas, que sus familiares tengan que pagar a euro 200 ml de agua y que el equipo que le haya atendido no tenga tiempo ni para dar explicaciones sobre su operación durante más de 3 minutos. Le deseo ser una persona normal. A malas, le deseo unas elecciones. O, poniéndome bestia, la parte menos civilizada de mi le desea un exilio dorado, a él y a toda la familia de chupones que viven de mis impuestos solamente porque le lamieron el culo más y mejor que los demás aspirantes al trono a Francisco Franco.

    Y escribo esto porque, aunque la Constitución diga que España es un reino, yo no le rindo pleitesía a nadie. Va a tener cojones que encima nos quedemos con la peor parte del feudalismo pero que no podamos divertirnos con las justas ni las peleas a espadazo limpio. Por ahí no paso: si queremos feudalismo, o todos, o ninguno. Y si no, República. Por cierto, que el título se lo he tomado prestado a mi buen amigo @andres1gb, incesante creador de frases ingeniosas y geniales chascarrillos.



    {14 abril, 2011}   Un discurso sin palabras

    Y ya está, no tengo más que decir



    et cetera
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