The Lost Dreamer











{8 noviembre, 2011}   Lo llaman matrimonio y no lo es

Vestirme de blanco y montar la mundial un día, gastando miles de euros que no tengo en unas cuantas gambas revenidas para amigos de mi familia a los que no aguanto; dormir en pijama el resto, en camas separadas a partir de cierta edad; tocar al de al lado solamente para hacer hijos; aparentar, no vaya a ser que los vecinos se enteren, mentir; tener una millonada de criaturas y llevarlos a maravillosos colegios católicos; bautizarlos cuando todavía no sepan distinguir sus manos de sus pies, no vayan a pensar algo por si mismos e irse al limbo en escaleras mecánicas, darles la primera comunión y todas las que vengan después; no hablar de sexo jamás, solo cuando haya que llevar a la niña mayor a abortar, pero mejor a Londres, que en Madrid seguro que se entera todo el mundo; pasarme el resto de mis días atada a una persona que hace años que no amo, ser infiel, irme de putas el sábado y confesarlo el domingo. Tramitar, ponerle nombre y apellidos a la infelicidad que me lleve a la tumba y que impregnará mi vida y la de los que me rodean.

Tienen razón. Tal vez no se llame matrimonio. No es SU matrimonio lo que yo pretendo tener. Tienen razón. Tal vez soy distinta.

O puede que los locos sean ellos. Tiempo al tiempo.

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{25 octubre, 2011}   Que alguien me lo explique

Se equivocan quienes ironizan con la falta de concreción del Partido Popular a la hora de exponer su programa electoral. Con la derecha gobernando en 15 de las 17 autonomías, su programa político está bien claro. La consigna es simple: liberalismo brutal, privatización de los servicios más elementales y, para el que no pueda pagar las prestaciones privadas, migajas de pordiosero. El neoliberalismo económico, además de la letra, con sangre entra.

Los españoles infringimos al PSOE un castigo memorable en las elecciones de mayo. Normal, los últimos dos años de tropezones, desconcierto y de no tener ni puta idea de lo que hay que hacer les tenían que pasar factura. A cambio nos regalamos unos gobernantes que lo tienen todo mucho más claro. De las recetas milagrosas del PP para solucionar el paro y la falta acuciante de crecimiento no se sabe nada en las comunidades autónomas que gloriosamente gobiernan. Francamente, no hay ni un solo indicio que invite a pensar que el Partido Popular va a saber gestionar la crisis económica mejor el Socialista, puesto que a nivel regional no aportan grandes soluciones. Lo que si está claro es que donde el PSOE ha tratado de mantener, mal que bien, becas de libros de texto, hospitales públicos dignos, medicamentos para nuestros enfermos y ayudas a los pensionistas más necesitados, los populares van a venir a follárselo todo. ¿Por qué vamos a permitir, entonces, que arrasen en las elecciones del mes que viene con una mayoría absoluta como no se ha visto en años?

Estoy deseando ver las caras de los orgullosos ciudadanos que salen a manifestarse junto a antisistemas a los que les interesa más crear sus propios chiringuitos en lugar de viviendas para los que más las necesitan en los edificios que ocupan ilegalmente (que curioso, igualito que los políticos a los tanto defenestran). Estoy deseando ver la cara de toda la gente que grita alegremente Lo llaman democracia y no lo es cuando el PP tenga más poder político en sus manos del que no ha tenido nadie desde los tiempos de la dictadura. Lo estoy deseando porque cuando hayamos destruido al único partido capaz de plantarle cara a la derecha en este país, entonces sí que tendremos motivos para quejarnos.

Necesito que alguien me explique por qué los españoles de izquierdas vamos a hacer esto. Vale que el PSOE no es la mejor opción. Pero es que he votado muchas veces a IU y siempre, sin excepción, me he arrepentido de mi voto: no son un partido serio y no son leales a sus votantes. No merecen mi confianza porque son incapaces de tener una visión realista del mundo. No me gusta Equo porque en general me llevo mal con los ecologistas que exigen el cambio del modelo energético desde sus iPads. No me gustan los antitaurinos ni todos los pequeños partidos de izquierda que se van desgranando de IU: me parecen tan poco serios como aquellos. El PSOE, a pesar de sus fallos, al menos ha demostrado que puede gobernar y otorgar derechos a quien no los tiene. Me parece que afanarnos en humillarlo es tirar piedras sobre nuestro propio tejado. Si alguien sabe explicarme en qué va a beneficiar a los ciudadanos en más que previsible resultado del 20-N, por favor, que utilice los comentarios para explicármelo. Porque yo no lo entiendo.



{21 septiembre, 2011}   ¿Dónde está Tomás Gómez?

Han pasado 122 días desde las elecciones que llevaron al Partido Socialista de Madrid a su mayor derrota electoral del presente periodo democrático (salvando, obviamente, aquel asuntillo de Eduardo Tamayo) y el líder de esta formación, la eterna promesa del socialismo ibérico, el alcalde más votado de España, el Obama de Parla, el único, el irrepetible, el aplastaministras Tomás Gómez, se encuentra en paradero desconocido. La última noticia clara que tuvimos de él fue al día siguiente de su aplastante victoria derrota frente a (ésta sí que es única e irrepetible) Esperanza Aguirre, cuando nuestro héroe dijo que no, que no dimitía, que la culpa de todo la tenía Zapatero.

Desde entonces han pasado muchas cosas: el gilipollas soplagaitas que dijo que el metrobús no existía fue premiado con la presidencia de la Asamblea de Madrid; el Consorcio de Transportes aprobó con nocturnidad y alebosía alevosía una subida del 150% del billete sencillo de metro y autobús en plenas vacaciones mientras cientos de miles de cristofrikis peregrinos hacían uso de colegios, parques y transportes públicos que los madrileños pagamos (religiosamente, ahem…) con nuestros impuestos, a un precio irrisorio; media línea 7 de metro, justamente el tramo inaugurado hace 4 años en el Corredor del Henares, pasó casi tres meses cerrada coincidiendo con la aparición de deficiencias estructurales en varios edificios cercanos a su recorrido (por supuesto Metro niega cualquier relación entre dicho cierre y dichas grietas, pero por si acaso se han puesto a inyectar hormigón como cabrones); y, lo que es peor, resulta que los milagrosos planes de empleo del PP madrileño implicaban aumentar el número de horas docentes de los profesores de los institutos públicos de la región y dejar así a cientos de profesores interinos en el paro, amén de varios profesores con plaza fija sin horas para dar.

Este último punto es probablemente el más grave de lo que llevamos de legislatura en la región. Los profesores, liderados por los sindicatos, se han puesto en pie de guerra (que está genial, pero podían haber pensado mejor a quién votaban el pasado mes mayo) y están teniendo un apoyo bastante notable por parte de padres, alumnos y ciudadanos en general. Las desafortunadas declaraciones de Lucía Figar criminalizando a los profesores por establecer contactos con el 15-M y las angustiosas declaraciones de Espe Aguirre preguntándose si tiene sentido que la educación no obligatoria (a saber, bachillerato, FP y universidad) sea gratuita no han hecho más que echar más leña al fuego.

Y con la que está cayendo, el PSM y su líder de muestran que no sirven ni para hacer oposición. Tomás Gómez, incapaz de ceder su puesto a alguien con posibilidades de ganar las elecciones (sí, os recuerdo que justo ahora hace un año estábamos de primarias en Madrid), todavía más incapaz de ganarlas él, no es ni capaz de ganarse el sueldo como líder de la oposición. ¿Para qué le pagamos los madrileños entonces? ¿Para que convoque una rueda de prensa cuando el conflicto en la educación madrileña ya está completamente copado por los sindicatos? O Tomás Gómez ha estado estos meses secuestrado o es que simplemente es un inútil. Y no sé qué es peor.





Voy a ser breve: estoy a favor de la reforma de la Constitución para limitar el endeudamiento de las administraciones, y estoy a favor de que se apruebe sin referéndum. Antes de que el mundo me despelleje viva, expongo mis motivos. Agradecería que los leyerais mientras afiláis los cuchillos.

  • Mienten quienes, como los sindicatos, Izquierda Unida o Unión Progreso y Democracia, afirman que evitar que las administraciones se endeuden en exceso torpedeará en Estado del Bienestar. Señores, una administración que gasta más de lo que tiene es incapaz de sostener sus servicios públicos, como bien sabemos los madrileños y bien saben los valencianos. El Estado del Bienestar peligra si seguimos con esta política de deuda infinita, cuyos intereses encarecen todavía más cualquier acción. El uso populista que están haciendo las fuerzas de izquierda de esta medida para arañar unos cuantos votos al Partido Socialista me parece sencillamente nauseabundo.
  • Le piense a quien le pese, si el PP y el PSOE unen sus fuerzas representan a la amplísima mayoría de los votantes, que les entregaron su voto hace algo más de tres años. Unos 21 millones de votos más que legítimos para reformar la Carta Magna de acuerdo con nuestras propias leyes. Nadie está dando un golpe de Estado, nadie está cortando las alas a la Democracia y nadie está estableciendo un estado dictatorial, como he leído a mucha gente decir estas últimas semanas. Solamente se está haciendo uso de los canales legales para la reforma que nosotros mismo nos hemos dado. Ahora bien, comprendo el cabreo de una ciudadanía a la que se le lleva años diciendo que la Constitución es intocable: lo cierto es que mientras no haya entendimiento entre PP y PSOE, la Constitución es intocable. El Partido Popular ha pasado las últimas dos legislaturas bloqueando cualquier intento de acuerdo para ciertas reformas importantes y necesarias y en esas condiciones ni siquiera se podía plantear la idea de un referéndum.
  • Muchos critican la reforma, tachándola de imposición de la Unión Europea, los alemanes y del Banco Central Europeo. Más o menos la misma gente que, vía Fondos FEDER, han hecho que este país pase de contar con unas infraestructuras tercermundistas a ser lo que es hoy (cualquiera que recuerde lo que era hacer un viaje largo por carretera hace 20 años sabrá a lo que me refiero). ¿Creíamos que iba a ser gratis formar parte del club europeo? Nos ha dado muchas cosas buenas, pero ahora que nos exigen algo, lloramos, pataleamos y gritamos que esto es una dictadura. Joder, no se puede ser ni tan crío ni tan irresponsable.
  • La sociedad española no está preparada para votar en referéndum algo tan crítico como una exigencia clara y taxativa que nos impone el Banco Central Europeo a cambio de comprar bonos españoles, salvándonos así de la bancarrota y el rescate. Por supuesto, a los especuladores que juegan a hundirnos habría que colgarlos de las pelotas en una plaza pública, pero como no se puede, hay que hacer lo que esté en nuestra mano para salir adelante. Con el deleznable juego populista que está haciendo la izquierda de todo esto, las posibilidades de que en un referéndum (en el que iríamos a votar los mismos cuatro gatos de siempre, joder, que nos conocemos) salga NO, como pasó cuando Francia votó contra la Constitución Europea sin tener ni pajolera idea de lo que estaban haciendo, solo por cabreo contra su gobierno y mandando al traste cualquier sueño que tuviéramos los europeos de unión política. Tengo la impresión de que es este riesgo al NO lo que impulsado al PP y al PSOE a unir fuerzas (por una puta vez en siete años y medio): la que nos podría caer si algo así sucediera podría llevarnos a envidiar a los griegos.
  • Dicho esto, podéis matarme. Para eso están los comentarios.



    ¿Qué tal se llevan los principios de la Iglesia con los de los partidos conservadores europeos?

    Hoy dejo que mi amigo @andres1gb tome las riendas del blog y nos exponga algunas de sus ideas sobre el Partido Popular, el liberalismo económico y la doctrina social de la Iglesia. Aquí os dejo la primera parte de sus reflexiones.

    Hace tiempo que me propuse no discutir en Twitter de política. Los motivos son varios y, uno de ellos, es que soy bastante incapaz de argumentar razonamientos un poco elaborados en 140 caracteres. Admiro a los que son capaces de sintetizar tanto sus ideas, pero a mi me cuesta horrores. El caso es que, a raíz de esta noticia mantuve un par de animadas conversaciones con sendos twitteros hace unos días. Como casi siempre sucede, el intercambio de puntos de vista siempre deja algún poso interesante.

    En este caso, me quedé pillado con una frase de @pinciano, que me dijo que la Iglesia no debe admitir que un sacerdote milite en el partido que intenta destruir su moral. Y tal vez tenga razón, pero, como estuve debatiendo más tarde con @fray_fanatic, hay casos en la misma provincia de curas-concejales que defendían las siglas del PP, lo que me llevó a cuestionarme algo que damos por supuesto: ¿de verdad defiende el PP los principios morales de la Iglesia?

    Así que, manos a la obra, me puse a investigar si en los principales puntos de ruptura entre Estado e Iglesia, además de la organización económica y laboral, hay afinidad o no entre el principal partido conservador de nuestro país y la confesión mayoritaria.

    Aunque no soy un experto en ninguno de los temas, he tenido la suerte de leer al respecto y la circunstancia de tener que estudiar algo de teología y de doctrina social de la Iglesia (quizá de ahí mi tendencia al sermón). Creo que la mayoría de lo que explico es correcto, pero acepto las correcciones y críticas de buen grado.

    Mariano Rajoy y el liberalismo económico

    Economía

    El PP se define en sus estatutos como un partido de centro reformista, una definición bastante vaga que, según quien la emplee puede querer decir una cosa u otra. En los últimos años ha cobrado peso una corriente autodenominada liberal en materia económica, inspirada en parte por los años de gobierno del presidente Aznar y, sobre todo, por la figura de Esperanza Aguirre en la Comunidad de Madrid.

    Aunque los liberales de verdad reniegan del PP, son numerosas las propuestas que hacen encaminadas a la reducción del estado al mínimo a fin de que la iniciativa privada prospere y la sociedad goce del Nirvana liberal: privatización de empresas y servicios públicos, ya iniciada en tiempos de Aznar y continuada por sus acólitos en las comunidades y ayuntamientos donde gobiernan, reducción de impuestos para activar la inversión privada y el consumo, desmantelamiento del estado del bienestar (España tendrá el estado del bienestar que pueda permitirse, según lo expresa el propio Rajoy) y reforma del mercado laboral para aumentar la competitividad (para que nos entendamos: reducir las cuotas de la seguridad social y que cada uno se pague su sanidad y su plan de pensiones, si puede).

    Hay otros tantos argumentos en contra de calificar al PP como un partido liberal. Entre ellos, sin intención de recogerlos todos: el control efectivo que hace de las Cajas de ahorros en las comunidades en que gobierna, las medidas reguladoras de diversas áreas económicas cuando ha gobernado (empezando por las telecomunicaciones y siguiendo por la privatización de empresas por criterios de afinidad ideológica), el aumento de los impuestos municipales para cubrir los excesos en el gasto público (¡dos por uno de antiliberalismo para el señor Gallardón!) y la alianza estratégica con la propia Iglesia Católica en materia de enseñanza (financiando sus centros educativos).

    Pero es que los primeros que cito, los que sí apuntan a algo parecido al liberalismo son radicalmente opuestos a la doctrina social de la Iglesia, expresada en materia laboral en las encíclicas Rerum Novarum y Quadragessimo Anno, que critican explícitamente a socialismo y liberalismo.

    Así, a pesar de que Pio XII critica al socialismo con encono, reconoce que el socialismo parece inclinarse y hasta acercarse a las verdades que la tradición cristiana ha mantenido siempre inviolables y critica las fáciles ganancias que un mercado desamparado de toda ley ofrece a cualquiera y dice expresamente que la libre concurrencia, aun cuando dentro de ciertos límites es justa e indudablemente beneficiosa, no puede en modo alguno regir la economía, como quedó demostrado hasta la saciedad por la experiencia.

    A mi esto me suena más a Keynes que a Smith, por más que el PP se empeñe en mantener su cercanía a la Iglesia Católica, mientras su discurso vaya encaminado al principio de menos estado y más mercado son tan abominables (según la Iglesia) como los socialistas.



    No habrá ningún gobierno del PP con el voto o la abstención de IU.
    Cayo Lara en la Cadena Ser el 19 de mayo de 2011.

    Solo hay dos formas de explicar lo que sucedió el pasado sábado en varias corporaciones municipales a la luz de la frase citada:

  • O bien varios concejales electos de Izquierda Unida son tan rematadamente gilipollas como para no comprender que si su secretario de general se compromete a no permitir que los populares gobiernen en ningún ayuntamiento, diputación o comunidad donde sea posible evitarlo, su obligación como militantes es cumplir la disciplina de partido;
  • O bien Cayo Lara tiene menos autoridad en el partido del que dice ser secretario general que Falete en la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.
  • ¿Qué corriente de izquierdas justifica que un partido (supuestamente) de este color permita gobernar a otro que en otros ayuntamientos ha demostrado aplicar principios de liberalismo económico radical? Si alguien es capaz de explicármelo, los comentarios son todos suyos.

    Mientras tanto yo no puedo votar a unos concejales que menos de tres semanas después de ganarse ese nombre en las elecciones incumplen una promesa electoral tan simple y clara. ¿Qué se puede esperar de las demás promesas de estos nuevos concejales en asuntos más comprometidos? ¿Podremos fiarnos de su palabra si alguien les pone un fajo de billetes encima de la mesa a cambio de algún favorcillo en el ayuntamiento? Yo no.



    {19 mayo, 2011}   Por qué acabé ayer en Sol

    La Puerta del Sol la tarde del 18 de mayo. Puedes ver más fotos en mi Flickr.

    Supongo que tras los posts de ayer y el lunes se impone escribir esto. Anoche me encargué de radiar por mi Twitter cómo me iba a la concentración convocada a las 20.00 en la Puerta del Sol por parte de los acampados en ella. Mi intención inicial era pasarme un poco antes y, como había dicho, preguntar a los acampados por sus propuestas e ideas con algo más de calma. Pero a las cinco de la tarde algo cambió:

    La Junta Electoral de Madrid cree que la petición del voto responsable a la que se refieren los convocantes “puede afectar a la campaña electoral y a la libertad del derecho de los ciudadanos al ejercicio del voto”. Sigue leyendo la noticia.

    A las cinco yo seguía (y sigo) sin estar de acuerdo con lo que se pide en Sol. O al menos con parte de ello. Sigo pensando que esto son brindis al sol y no creo ni que el PSOE sea exactamente la misma mierda que el PP ni que se vaya arreglar el marrón que tenemos a base de gritos. Pero lo que no tolero de ningún modo es que la Junta Electoral prohíba algo permitido por derechos más básicos de nuestra sociedad. Hasta ahí podían llegar las bromas: puedo pensar que la gente que está durmiendo al raso en Sol son unos perroflautas sin propuestas (exagerando), pero en ningún caso voy a tolerar que se les prive de su derecho a quejarse. Que se quejen si quieren contra el color amarillo, yo voy a defender siempre su derecho.

    Y esto me llevó ayer a Sol: la indignación ante una decisión injusta de la Junta Electoral de Madrid. Ir me permitió ver, además, que yo el domingo estaba equivocada: las manifestaciones (ojo, no las acampadas) no son un nido de jovenzuelos antisistema ni twitteros en paro. Como bien documentó @Txemacg el domingo, hay de todo. Desde ancianos hasta universitarios, pasando por becarios y familias. Todos con algo en común: están hasta los cojones de la crisis.

    Sigo pensando que toda esta historia es un brindis al sol que va a acabar con una victoria todavía más grande del PP en las municipales y autonómicas. Pero también creo en el derecho a cabrearse y a quejarse. Pegar cuatro gritos de vez en cuando, al menos, relaja. No estoy de acuerdo con todo lo que se gritó ayer ahí, pero considero importante que se juntara tanta gente solamente por puro cabreo. Si, al menos, esto sirve para reducir el índice de abstencionistas de este domingo, tendré que comerme mis palabras y decir que, efectivamente, me he equivocado al juzgar el movimiento Democracia Real YA.

    Para terminar, un último brindis al sol: una canción que, de puro utópica, es hermosa. Os dejo con mi adoradísima Patti Smith. El poder está en la gente. Aunque no esté claro si creerse eso a día de hoy sea soñar o delirar.

    People Have the Power
    I was dreaming in my dreaming
    of an aspect bright and fair
    and my sleeping it was broken
    but my dream it lingered near
    in the form of shining valleys
    where the pure air recognized
    and my senses newly opened
    I awakened to the cry
    that the people / have the power
    to redeem / the work of fools
    upon the meek / the graces shower
    it’s decreed / the people rule

    The people have the power
    […]

    The power to dream / to rule
    to wrestle the world from fools
    it’s decreed the people rule
    it’s decreed the people rule
    LISTEN
    I believe everything we dream
    can come to pass through our union
    we can turn the world around
    we can turn the earth’s revolution
    we have the power
    People have the power …



    Captura de la web del Consorcio Madrileño de Transportes el viernes 11 de marzo de 2011 a las 10.10 de la mañana. Obviamente, he accedido a internet desde una realidad alternativa en la que el Metrobús SÍ que existe.

    Vale que nos lo estamos tomando a coñita, pero es que es muy fuerte, amigos, es muy fuerte que el consejero de transportes de la Comunidad de Madrid no sepa que un puto billete de 10 viajes de metro y/o autobús se llama Metrobús. Me gustaría resaltar el dato de que fue este mismo señor el que a finales de 2009 el que decidió que el precio de este título de transporte subiría un 22%, haciendo que costara algo más de 9 euros, cuando el billete sencillo cuesta 1€. Todo muy lógico. Obviamente, las protestas de los usuarios y las [sarcasmo]recogidas de firmas por Facebook no sirvieron para nada[/sarcasmo].

    Así que recapitulemos: este señor que sabe lo que es un autobús porque una vez vio uno en una película de José Luis Garci es el que decide el precio y las condiciones de los títulos de transporte de los que tenemos que aguantar el metro que se para entre estaciones, los autobuses siempre retrasados, los trenes cortos en verano y los vagones tan llenos que tienes que esperar a que llegue el siguiente tren. Muchas veces se me ha acusado de tecnócrata por opinar que el ministro de fomento debería ser un ingeniero de caminos y, el de exteriores, un diplomático. Tal vez tenían razón. Pero aspirar a que un consejero de transportes use el transporte público no me parece tan descabellado. Y sí, también pienso que el Ministro de Fomento debería probar su [sarcasmo]maravillosa red de Cercanías[/sarcasmo] cinco veces por semana, igual que hacemos miles de ciudadanos.

    Que sí. Que ETA los tiene amenazados a todos y que por eso tienen que ir en coche oficial. Y un huevo de pato. A estas alturas del cuento la amenaza etarra es tan realista como si yo salgo a la calle con una porra eléctrica con el argumento de que la mitad de la población está en posesión de las herramientas necesarias para violarme. EXCUSAS. Excusas de políticos, podridos y corruptos encantados de haberse conocido y de vivir a cuerpo de rey a costa de nuestros impuestos. Un siglo de estos las ironías del Twitter se deberían convertir en huevos estampados contra los cristales tintados de sus Audis.

    Y el líder de la oposición, el Obama de Parla, ese adalid del progresismo madrileño, ese señor que va a ganar las elecciones a la lideresa el 22 de mayo, ¿ha dicho algo de todo esto? Pues Tomás Gómez no está ni se le espera. Sospecho que está buscando en Google qué es un Metrobús. Es lo que tiene ir a todas partes en la propia moto. Que luego ves un Metrobús y no sabes si invitarle a una caña o a una copa.



    et cetera
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