The Lost Dreamer











{4 abril, 2011}   Zapatero, no nos folles

Era una noche de marzo. Toda la familia nos abrazamos cuando, después de pasarnos cuatro días llorando delante del televisor, Iñaki Gabilondo anunciaba que el Partido Socialista había ganado las elecciones. Bajé con un amigo a la calle Ferraz, emocionados, felices, llenos de esperanza después de haber asistido durante más de un año a varias manifestaciones, a cada cual más frustrante. Éramos unos críos que por primera vez en la vida tenían ganas de creer en este país.

Y ahí estuvimos, gritando Zapatero, no nos falles. Esa frase era muchas cosas, pero creo que una de ellas era una súplica. Algo así como un Por favor José Luis, no nos folles por detrás sin lubricante, que ya bastante hemos tenido con el del bigote. Le suplicábamos que no nos jodiera más. Siete años después, ¿nos falló o directamente se nos folló?.

Mis sensaciones sobre esto son encontradas. Durante muchos años admiré al presidente del gobierno. Llamadme tonta, pero le profesaba eso, mucha admiración. Sacar las tropas de Irak, la Ley de Dependencia, la Ley Antitabaco, los matrimonios homosexuales (con derecho a adopción), el carné por puntos y el consiguiente descenso en la siniestralidad en las carreteras, la Ley de Igualdad… Son todo cosas en las que creo y que me hicieron y me hacen sentir orgullosa de nuestro país.

Pero se nos folló. Nos engañó y nos jodió, como una mala novia. Durante los años de bonanza económica fue incapaz de aplicar medidas reales para frenar la que se estaba montando con la burbuja inmobiliaria: simplemente se permitió que la corrupción, los ladrillos y los billetes de quinientos euros siguieran fluyendo a sus anchas por la geografía nacional y, al final, el ‘ajuste‘ económico lo hemos tenido que pagar entre todos. A base de pomada para el culo, quiero decir.

Así que en eso se ha quedado Zapatero para mi: en un señor que hizo muchas cosas bien, pero no las suficientes. Sus errores los estamos pagando entre todos a través del desmantelamiento del estado del bienestar. Al final parece que nos ha jodido. Lo que no tengo claro es que lo haya hecho con mala intención.



Diez días después de la entrada en vigor de la nueva Ley Antitabaco constatamos que:

a) España no se ha roto: por desgracia, esto se veía venir.
b) La economía española no se ha hundido: o al menos no como consecuencia del cierre masivo de bares y restaurantes. Parece que aún no hemos pedido el famoso rescate de la Unión Europea como consecuencia de que los españoles se hayan quedado fumando compulsivamente en sus casas.
c) La ley se está cumpliendo: esto sí que es una sorpresa. Contra todo pronóstico, la noticia son los cuatro chalaos delincuentes que, ansiosos por salir en el ABC y dar publicidad a sus establecimientos, están incumpliendo la ley. Personalmente, yo esto sí que no me lo esperaba.
d) Se puede ir a tomar un café o una copa y no acabar oliendo a ciénaga: bueno, depende del garito en el que te metas, que algunos huelen a cloaca. Pero, en general, se puede ir uno a tomar una copa o a comer unos huevos rotos con chorizo sin que huela a tabaco. Y sin acabar con la ropa oliendo a ello. Y sin tener los ojos irritados ni perder el sentido del olfato.

¿Que a ti, amigo fumador, te fastidia? Pues tengo dos palabras para ti: TE JODES. Igual que me he tenido que joder yo hasta el 2 de enero de este año. Fin de mis declaraciones.



{20 octubre, 2010}   Gracias, Bibiana

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