
Alex Turner, el vocalista de Arctic Monkeys en el Palacio de los deportes. Tomada de http://www.abc.com.py/nota/los-artic-monkeys-sacuden-a-madrid-pensando-en-sudamerica/
Vaya por delante que Arctic Monkeys no es uno de mis grupos de cabecera y que Miles Kane me parecía bastante soso hasta hace 24 horas. Compré la entrada para este concierto en gran parte para acompañar a un amigo, pero también porque Suck It And See me parece uno de los mejores discos de 2011. Bendita la hora, porque por nada del mundo me habría perdido el concierto de anoche.
La cosa empezó bien: he visto y oído a varios grupos de moda (me viene a la cabeza uno que empieza por A y acaba por rcade Fire) sonar en este recinto mucho peor de lo que lo hizo el telonero, Miles Kane. Sus 40 minutos sobre el escenario tuvieron lo que yo no había sabido encontrarle a su disco: fuerza, garra y mucha diversión. La verdad es que en su estilo (británico, heredero de Oasis y Blur), Kane bordó su papel con, además, una calidad de sonido muy por encima de lo que viene siendo habitual en el mundo de los teloneros.
Este primer derroche de calidad no fue más que un anticipo de los 80 minutos que estaban por venir. Los de Alex Turner saltaron al escenario con una fuerza inusitada, arrasando con Don’t Sit Down ‘Cause I’ve Moved Your Chair como si llevaran ya media hora de concierto. Lo que es importante destacar de esta actuación, puesto que no es habitual, es que el sonido fue impecable desde el primer acorde, sin necesitar apenas ajustes y con un reparto entre la voz y los instrumentos magnífico. Esto ayudó a que el vocalista Alex Turner, que a mi en los discos no me dice nada en especial, se convirtiera en el elemento dominante en cada uno de los temas, ejerciendo un terrible magnetismo sobre el público (ese tupé y esos musculosos brazos seguro que no tuvieron nada que ver, ¿verdad, chicas?).
The Hellcat Spangled Shalalala, Black Treacle… es increíble, pero cada una sonaba más enérgica, más divertida que la anterior. En este asunto el extraordinario trabajo del batería, Matt Helders, debió tener algo que ver. Aunque antes de los bises el ritmo de la actuación se había estancado un pelín, el grupo tuvo la sabiduría de no hinchar el setlist en exceso, prefiriendo mantener una elevada calidad durante toda la actuación a alargarla innecesariamente con canciones anodinas. Al final, 20 canciones en las que la banda no desfalleció ni un solo momento para acabar la actuación con 505, acompañados por su amigo Kane a la guitarra.
Lo de anoche fue, sin lugar a dudas, un concierto memorable: redondo, divertido y con una acústica impecable. Lo que viene a demostrar que, quien quiere sonar bien en el Palacio de los Deportes, suena bien. Por supuesto, como siempre (que puedo), comparto la lista de Spotify que me he hecho con el setlist completo de la actuación.










