Van dos newyorkinos y un madrileño y montan un grupo de música. El chiste dura ya 20 años y ha dado para 7 discos y el pasado sábado estos tres (ya no tan) jovencitos llenaron La Riviera de Madrid hasta la bandera palmera demostrando que son, sin duda, un grupo del panorama indie muy querido por el público español. Es posible que este milagro también se debiera más al reducido precio de la entrada (escasos 20 euros) que a la calidad de su último trabajo, The Stars Are Indifferent To Astronomy.
Nada Surf nos ofrecieron una actuación de hora y media de muy buena ejecución. No obstante, el concierto distó mucho de ser perfecto: el principal lastre fue el ya citado último trabajo de la banda, que no está ni de lejos a la altura de ninguno de los anteriores, y que lució poco en directo. Nada Surf es una banda de corte algo melancólico y hasta tierno en disco, pero con un intenso componente guitarrero en el directo. Da la impresión de que hubieran tratado de trasladar lo que hacen sobre el escenario a su último álbum pero, lamentablemente, les ha quedado algo demasiado común y soso.
Así que la cosa empezó mal, con Clear Eye Clouded Mind sonando rematadamente mal (algún gallo se escuchó por ahí, incluso), aunque los desajustes sonoros se arreglaron antes de la tercera canción. En general, se palpaba el abismo entre los temas nuevos y los viejos, que eran más vibrantes.Si la primera hora de concierto fue correcta, lo mejor llegó al final: la acertada versión del Evolucion de Mercromina (casi lo único que se puede salvar de su disco de versiones) dio paso a la parte final del recital, dominada por los grandes clásicos de la banda. See These Bones sonó sencillamente preciosa, y dio paso a unos bises en los que el público coreó a todo pulmón el Always Love que siempre quedará como uno de sus temas más populares; y el pegadizo estribillo de The Blackest Year. Muy sorprendente fue que los bises incluyeran Blonde on Blonde, uno de sus temas más alternativos y celebrados de su primera época que, lamentablemente, quedó algo deslucido por el desproporcionado volumen al que se encontraban algunos instrumentos.
En resumen, Nada Surf llegaron al notable, pero les faltó algo de frescura para ser aquella banda que hace un par de años sacaba a bailar sobre el escenario a sus fans durante las últimas canciones en la Joy Eslava. No es el éxito, ni que la sala les quedara grande: tal vez sencillamente no estaban tan inspirados. En cualquier caso, el speech de Daniel Llorca exhortando a la audiencia a descargar lo que le dé la gana porque lo que a ellos les importa es ver sus conciertos llenos, mereció bastante la pena. Lamentablemente, Spotify no cuenta con la discografía completa de Nada Surf, de modo que hoy solamente puedo ofrecer una versión parcial del setlist.













